Es una afirmación que la directora de la Consultora Stg, Dolores Lavaque de Velasco, realizó en un medio nacional. En el país hay más de 160 bodegas, repartidas en ocho provincias, que reciben a los turistas para transmitir su cultura y sus tradiciones.
El enoturismo es un componente importante tanto para la industria del vino como para la del turismo. El vino y el turismo han estado íntimamente conectados por años, pero fue recién en el último tiempo que esta relación ha sido reconocida por los gobiernos provinciales y nacionales, sus entidades, investigadores y hasta las industrias del vino y del turismo en sí mismas.
Para la industria del turismo, el vino es un elemento muy atractivo a la hora de elegir un destino, lo que lo convierte en un factor muy significativo de motivación para los visitantes.
Para la industria del vino, el enoturismo es fundamental para construir una relación directa con consumidores, quienes pueden experimentar de primera mano el romance con las uvas. Además, para algunas bodegas es una fuente de venta directa esencial para su facturación.
En palabras de Jancis Robinson, una reconocida crítica británica de vinos que pertenece a la Orden del Imperio Británico Master of Wine: “El enoturismo está creciendo de una manera muy importante. Por varios siglos, ni siquiera los comerciantes del vino viajaban, pero hoy hay muchos miembros del público en general deliberando hacer travesías para explorar una región vitivinícola o regiones vitivinícolas. Esto es, en parte, un reflejo del creciente interés por ambos, el vino y la posibilidad de viajar al exterior, pero también porque la mayoría de las regiones vitivinícolas y muchos establecimientos productores se encuentran en lugares atractivos. Los viñedos tienden a ser estéticamente complacientes en todos los casos y el tipo de clima en el que se produce vino es muy agradable durante la mayor parte del año. Tener el control con este formato de especialistas agricultores y habitantes urbanos requiere de una comuna con una naturaleza privilegiada y, generalmente, admirada por conocedores. Y, además, existe la posibilidad de degustar y comprar vinos directamente de la fuente, probablemente a precios interesantes, y rarezas exclusivas.”
La visita a los viñedos ha formado parte de viajes organizados probablemente desde la antigua Grecia y Roma. Pero no fue hasta mediados del siglo XIX en que el vino pasó a ser motivador específico de viajes en Europa. Varios factores coincidieron en aquel momento.
En primera instancia, la revolución del transporte creada por el desarrollo de las redes ferroviarias, que permitió acceso fácil y rápido.
En segunda instancia, la revolución social en término del crecimiento de una nueva clase media en búsqueda de buenos vinos junto con la aristocracia.
Finalmente, la publicación de la Clasificación de vinos de Gironde en 1855, lo que dio al vino y a las regiones en crecimiento, de manera explícita y oficial, una identidad como destino.
En el Nuevo Mundo, el enoturismo ha pasado a ser significativo. En California, Napa Valley es el principal atractivo para el turismo, mientras que los viñedos de Nueva York y Ontario, en Canadá, rápidamente se han transformado en atractivos para el turismo.
Australia y Nueva Zelanda, regiones target del enoturismo gracias al alto perfil de sus vinos, como también Estados Unidos y varias regiones de Europa, han utilizado el éxito de sus vinos como una herramienta de marketing para atraer visitantes internacionales. Este es un gran momento para el enoturismo en el mundo.
En Argentina, son más de 160 las bodegas que reciben a los turistas para transmitir su cultura y sus tradiciones. Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro y Córdoba son las 8 provincias que dan asilo a bodegas boutique, industriales, tradicionales y modernas.
Sobre sierras y montañas, se trazan 16 caminos o posibilidades de acceder a hospedajes temáticos, gastronomía de la más alta cocina y servicios enoturísticos de nivel internacional. Como novedad, ahora podemos contar también a Tucumán como una flamante provincia que suma su propio y deslumbrante territorio de los Valles Calchaquíes a los posibles recorridos de los visitantes, con al menos dos o tres bodegas bien representativas de esa provincia.









