Salvador Muñoz es empresario agropecuario y presidente de Salvita, una empresa familiar con más de cuatro décadas de trayectoria formal, que hoy tiene unos 2000 empleados y se diversifica en agricultura, ganadería y continua innovación a otros sectores. Proveniente de una familia ligada históricamente a la producción frutihortícola, lidera un proceso de transformación que incorporó diversificación, tecnología y escala a la actividad. Con un perfil de gestión enfocado en el trabajo sostenido, la inversión y la continuidad generacional, combina tradición productiva con una mirada empresarial moderna, en un contexto atravesado por cambios económicos y desafíos estructurales del sector.
En esta entrevista con Dossierweb, Muñoz analiza la situación actual de las economías regionales, el impacto de las políticas públicas sobre la producción, la competitividad frente a las importaciones y la polémica generada por declaraciones del secretario de Comercio de la Nación sobre el sector bananero. También reflexiona sobre el rol del Estado, la presión impositiva, las dificultades para sostener inversiones a largo plazo y la necesidad de reglas claras para garantizar previsibilidad. Desde su experiencia, plantea una defensa del trabajo productivo y advierte sobre los riesgos de desvalorizar sectores que generan empleo y arraigo en el interior del país.
Especial Dossierweb

Muñoz no cree en las grandes extensiones sino que apuesta a superficies optimizadas por rindes y más diversificación
— ¿Cómo es hoy ser productor agropecuario, especialmente en este contexto complejo?
— Siempre tuvimos la filosofía de mirar puertas adentro de la empresa y hacer autocrítica de lo que funciona y lo que no funciona. Y nunca nos quedamos a esperar o a especular qué Gobierno está o de que signo es, o cuál es su política económica. Afrontamos innovando, invirtiendo y tratando de tomar el mejor camino. Y si el equivocado, ponemos marcha atrás y tomamos otro rumbo. Tratamos siempre de ser coherentes, entre lo que vemos y lo que hacemos. Hoy estamos produciendo bananas porque vimos que el consumo era alto y prácticamente no se producía en el país. Y empezamos en un momento peor al actual para competir con la importación. Nosotros no nos quejamos de la importación, también la aprovechamos e importamos productos que el mercado necesita. Traemos paltas de Chile, tomates que estamos haciendo con productores de Arica, bananas que traemos de Ecuador, y somos productores locales. No buscamos que nos protejan, procuramos competir y crecer.
— Hace unos días un funcionario de Nación, del secretario de Comercio, Pablo Lavigne, minimizó la producción de bananas en el país. Salvita produce toneladas e hizo inversiones de millones de dólares, ¿Cómo tomaste esas declaraciones?
— La verdad que me cayeron mal porque ninguneó una producción que es muy importante en el país. Hemos invertido cerca de 18 millones de dólares en el proyecto de producir bananas en Argentina porque estamos seguros de que lo podemos hacer con mucha calidad, produciendo la fruta que más se consume en el país. Todos los países cercanos, Brasil, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia, introducen bananas en Argentina como un gran mercado. Entonces, nosotros que somos productores locales, porque no lo vamos a hacer. Hemos importado insumos, técnicos, aprendimos, y logramos resultados y calidad. Crecimos y pasamos de 500 hectáreas a 650 este año, y queremos llegar a las 1000 hectáreas. Generamos 600 puestos de trabajo en Orán, donde hay bagallaje, contrabando. Y este hombre, que es el secretario de Comercio de la Nación, ninguneó todo esto. Un funcionario no debería desconocer qué produce cada región del país. Y por respeto a los que invertimos y trabajamos, hay cosas que no debería decir. Lo invito a que venga a Salta a conocer.

Salvita diversificó sus productos y hoy es una empresa referente en la agroindustria nacional
— Hay empresarios que producen y generan trabajo, y hay trabajadores y sus familias.
— Imaginate cómo me pudo haber caído lo que dijo, si me está ninguneando y uno está haciendo un esfuerzo enorme por estar, por salir adelante. Es igual que (Luis) Caputo (ministro de Economía de la Nación) cuando dijo que no se compra ni se compraría ropa en Argentina. Hay que ser un poco más respetuoso. Tiene que escuchar más al que produce. Que entiendan que detrás de cada actividad hay gente que trabaja, invierte y arriesga todos los días. Y que las decisiones que se toman impactan directamente en eso.
— ¿Ves de parte el Gobierno nacional un apoyo o una balanza más inclinada a favorecer al sector financiero que al industrial o al agroproductivo?
— Hay diferentes modelos de producción agronómica. Y después de una sequía fuerte que tuvimos hace más de una década, nos dimos cuenta que el negocio no era ampliar superficie, sino era hacer algo integrado y agregarle valor a esa producción, y ampliar los negocios. Hoy tenemos más de veinte unidades de negocios en la empresa. Agregamos valor casi a todo lo que hacemos, tenemos empresas de servicios, de transportes, de maquinarias. Y alrededor de esas hectáreas vemos que hay que agrandar los negocios. Hay que meter tecnología, innovación, y agrandar la torta. Y la agrandamos tanto que hoy en total tenemos casi 2000 empleados. Y tener empleados es un compromiso muy grande. Entonces, ante una afirmación como la que hizo el secretario de Comercio, me puedo quedar callado. Me pegó en la frente.

Salvita emplea a unas 2000 personas, casi la mitad de puestos de trabajo que genera la minera en forma directa
— ¿Qué le pedirías al presidente Javier Milei?
— En primer lugar, le diría que muchas gracias por el trabajo que vienen haciendo, porque entiendo que están sacando al país de una situación compleja. Como empresario no quiero ni proteccionismo ni dádivas ni nada que me beneficie, con lo cual no le pediría nada adicional porque lo que tengamos que hacer lo vamos a hacer. Y si hoy hay que competir con el mundo lo vamos a hacer, porque confiamos en lo que hacemos. Es cierto que las cosas no están del todo acomodadas, hay una reforma laboral, hay impuestos que se quieren quitar. Hoy los empresarios estamos jugando en una cancha un poco inclinada, pero se tendrá que ir nivelando, como en el caso de las retenciones a las exportaciones, impuestos, el cepo que no se terminó de levantar.
— ¿Se puede ser competitivo en ese contexto?
— Se puede, pero con mucha dificultad. Nosotros seguimos apostando a producir en Argentina, pero cada vez cuesta más. Tenés que ser muy eficiente, muy ordenado, y aun así hay variables que no manejás. Vivimos una situación compleja. Siempre lo fue, pero hoy más todavía. Tenés costos muy altos, presión impositiva, falta de financiamiento adecuado y muchas veces reglas que cambian constantemente. Eso hace muy difícil planificar a largo plazo, que es lo que necesita cualquier actividad productiva.

Muñoz reconoce la difícil situación que vive el agroproductor argentino, aunque no deja de ser optmista
— Es un esfuerzo enorme ser productor hoy.
— El productor hoy no pide privilegios, pide poder trabajar. Nadie invierte a largo plazo si no sabe qué va a pasar. Y la producción agropecuaria requiere inversiones importantes y plazos largos. Si no hay estabilidad, es muy difícil crecer. Yo podría irme a Paraguay, comprar campos allá, producir, e importar y vender con la marca Salvita aquí en Argentina. Sin embargo, decidimos producir bananas en el país, en Orán, porque somos de aquí y porque creemos que algún día se van a acomodar las cosas.
— ¿Qué mirada tenés sobre el futuro del sector?
— Soy optimista por naturaleza, pero realista. Argentina tiene un potencial enorme, pero necesita ordenar ciertas cosas. Si eso pasa, el sector puede crecer mucho. Si no, vamos a seguir en este esquema de supervivencia permanente. Tratamos de diversificar, de ser prudentes, de no asumir riesgos innecesarios. Pero igual es complicado, porque dependés de muchas variables externas.








