Unos 100.000 visitantes recorren por mes viñas, bodegas y otras atracciones de Salta. El despegue turístico de Salta se debe a la política de Estado que mantiene hace 25 años. Un abanico de ofertas. “Beber un torrontés en Cafayate es probar el sabor del terruño”, titula su artículo periodístico, La Gaceta, medio digital tucumano.
En el país como en el extranjero la conocen como “Salta, La Linda”. Y la provincia vecina tiene bien merecido ese mote. Su capital es considerada como la ciudad más elegante y refinada del NOA, y su interior impacta con coloridas formaciones de cerros y quebradas surcados por ríos y rodeados de la belleza natural de los Valles Calchaquíes. Este cordón montañoso – donde también está enclavada la hermosa ciudad tucumana de Tafí del Valle- guarda en sus entrañas tesoros de milenarias culturas precolombinas.
“Salta creció por sus propios medios, gracias al apoyo del turismo. Este sector sigue en franca expansión porque cuenta con el respaldo de una política de Estado que hace 25 años se mantiene en el tiempo -independientemente de los gobiernos que se van sucediendo- con objetivos bien definidos a corto, mediano y largo plazo”.
Sin estacionalidad
El ministro de Turismo de Salta, Federico Posadas, justificó así el despegue de Salta como destino turístico, y se ufanó de que recibe un promedio de 100.000 visitantes por mes todo el año. Esto demuestra que en Salta el flujo turístico rompió con la estacionalidad que caracteriza a otros polos de atracción. Posadas recibió en su despacho a LA GACETA y a representantes de otros medios periodísticos de Tucumán y de revista Gente, después de un paseo por la Ruta del Vino.
Durante la primera quincena de este mes Salta recibió 1,450 millón turistas -un 14% más que en 2010, cuando se registraron 1,2 visitantes- y mantuvo ocupada 13.000 de las 16.000 plazas que tiene toda la provincia. “El NOA es la región turística que más creció en el país en los últimos años”, aseguró Posadas.
Describir todo lo que se siente, se ve, se huele, se palpa y se degusta en la ruta del vino es prácticamente imposible. Basta mencionar, por ejemplo, cómo deslumbra al viajero la diversidad de postales que lo acompañan cuando empieza a desandar caminos. Sorprende tanto el paisaje yermo como los cerros rojizos o las montañas surcadas por viñedos y salpicadas de casas de adobe, arbustos y formaciones rocosas grises, verdes, anaranjadas, marrones y terracotas. En Cafayate, esta paleta de colores se funde con el límpido cielo azul, donde el sol y la luna siempre brillan con más intensidad. Es justamente este ensamble de bellezas naturales con sabor a vino y a queso de cabra, lo que hace de la ciudad calchaquí uno de los lugares preferidos por los turistas. Esta tierra del vino está regada de hoteles boutique que invitan a gozar de una estancia placentera, paradisíaca, donde sólo se escucha el trinar de los pájaros, el soplo del viento o el canto del agua… Esto se vivencia en hoteles como el “Altalaluna”, en Tolombón, y en el “Wine Resort Viñas de Cafayate”, ubicado a 3 km de la plaza principal. Ni qué decir cuando el paseo es tamizado con visitas a las bodegas “Las Nubes”, “La Banda o Vasija Secreta” o la “Domingo Molina”, donde beber una copa del torrontés salteño es probar el sabor singular del terruño.
Vinos de alta gama con prestigio internacional
El abanico de propuestas que brinda Salta a sus visitantes es tan rico como variado. En el circuito de los valles -que incluye la zona vitivinícola por excelencia- la naturaleza y la historia se amalgaman de una manera única que consiguen transportar al viajero a tiempos remotos. Dentro de este circuito está la llamada “Ruta del Vino Salteño”, que la integran viñedos, bodegas, vinos de altura y de alta gama que alcanzaron renombre internacional por gozar de la misma calidad y prestigio que los mejores vinos del mundo, a tal punto, que satisfacen los paladares más exigentes.
El principal centro productivo se sitúa en la ciudad de Cafayate. Allí madura la cepa del torrontés, un vino blanco que se distingue por su intenso aroma y sabor frutado, y que junto al malbec son los cepajes insignia de la Argentina. También conforman la ruta del vino los históricos poblados de Cachi, Molinos, San Carlos, Angastaco y Tolombón. Esta última localidad se sitúa al sur de Cafayate, próxima al límite con Tucumán. Las principales bodegas ofrecen hotelería, gastronomía, degustaciones y diferentes actividades.
Otros atractivos -sobre todo para los extranjeros- son el Tren a las Nubes cuyo recorrido finaliza en San Antonio de los Cobres, paraje enclavado en plena cordillera andina, y los paseos y caminatas por la selva de Las Yungas. La oferta es amplia e incluye turismo aventura, trekking, cabalgatas y hasta turismo de salud y de relax en el Hotel Termas de Rosario de la Frontera, complejo turístico con aguas termales de efectos terapéuticos. Además de alojamiento, comida y recreación, el viajero encuentra en el establecimiento fundado en 1880, un completo servicio de spa. Los tratamientos de belleza, salud, nutrición y antiestrés son personalizados “porque cada huésped es un universo maravilloso e irrepetible”, define Yita Palén, directora técnica del spa y master internacional en el tema.
Fuente: lagaceta.com









