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Un hotel con bodega diferente bajo el cielo de Cachi

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 Miraluna es un emprendimiento del empresario Carlos Urtasum, quien supo convertir un terreno vacío en uno de los lugares más bellos del Alto Valle Calchaquí.

Para algunos es un hotel con bodega. Para otros, una bodega con hotel. Pero para todos, es uno de los lugares más bellos del Alto Valle Calchaquí. Hablamos de Miraluna, un emprendimiento turístico y vitivinícola que encaró el empresario gastronómico Carlos Urtasum, y que se ha convertido en uno de los puntos turísticos de referencia obligada de Cachi. “Desde 1992, cuando fuimos por primera vez, tenía ganas de tener algo en los Valles; hasta que en 2004 se dio la oportunidad”, contó Urtasum a Dossier Empresario. “A mi hermano y a mí nos ofrecieron y finalmente compramos 14 hectáreas de cerro pelado, donde sólo había algunos algarrobos y cardones, que por supuesto se quedaron”, agregó. Con la propiedad en sus manos, el empresario comenzó a pensar qué hacer. “Lo primero que pensamos fue en un emprendimiento turístico. La idea original fue hacer un hotel de 13 habitaciones, pero la realidad de la falta de servicios y el costo de llevarlos hasta allá lo hacía imposible. El campo no está en el pueblo de Cachi, sino a ocho kilómetros Cachi adentro”, explicó. A partir de ello, decidieron apostar por la construcción de cabañas totalmente equipadas, construidas con materiales de la zona (adobe, piedra, caña), que ofrecieran al viajero “una forma distinta de viajar y de relacionarse con la naturaleza. Cada vez quedan menos lugares mágicos, y nosotros quisimos que Miraluna fuera uno de esos lugares”, aseguró Urtasun. El hotel, con comodidades únicas, abrió sus puertas en 2008 y aún hoy sigue luchando para posicionarse en el mercado. Pero antes que el hotel estuviera terminado, el paisaje del lugar comenzó a cambiar. “Desde el principio nosotros queríamos poner en producción la finca. Probamos de todo: hicimos arveja,tomate, zapallitos, pero todo nos resultaba mal. Entonces, en 2007,tomamos una decisión audaz: decidimos plantar viñas”,recordó el propietario deMiraluna. El desafío era enorme, porque los vinos más altos hasta ese momento eran los de Colomé, que se producían a 2.610metros sobre el nivel delmar; y ellos estaban por encima de eso. “Finalmente compramos 4.000 vides y las plantamos en setiembre de 2007, sobre una superficiede unahectárea.Recuerdoque cuando terminamos de plantar llamé a mi asesor, que era mendocino, y le pregunté cuánto había que esperar para la primera cosecha. Élme dijo que debía esperar al menos tres años… pero las plantas crecieron a una velocidad impresionante y, en el verano de 2008 cosechamos los primeros 300 kilos de uva. Así descubrimos que el lugar donde estamos tiene características excepcionales, que favorecen el crecimiento de la planta”, relató Urtasum con entusiasmo. “Hasta 2011 ampliamos la superficie de viñedos a razón de tres cuartos de hectárea por año”, agregó. Las primeras plantaciones fueron deMalbec, y luego probaron con Merlot y Tanat. Mientras las primeras demostraron estar muy bien adaptadas, las otras dos no resultaron tan bien. “Las plantas de Merlot tardaron cinco años en dar sus primeros frutos, pero los enólogos aseguran que hoy tenemos el mejor Merlot del país. Tenemos 1.000 plantas y producimos apenas 2.000 botellas por año. El Tanat se dejó de producir porque nunca maduraba. Cuando llega el tiempo de la vendimia, seguía ácido, así que nunca pudimos hacer vino”, repasó. Los primeros vinos los hicieron en una bodega prestada, pero entre 2011 y 2014 armaron su propia bodega, con instalaciones de primer nivel. “Ahora estamos comenzando a comercializar nuestro vino, y también estamos haciendo trámites para exportar a Inglaterra. De todas maneras, sabemos que este negocio es un trabajo a largo plazo. Tarda más; pero funciona”, expresó Urtasum. La producción de Miraluna este año fue de alrededor de 15.000 botellas, y la meta es llegar en 2018 a 25.000 botellas. Hoy Miraluna no es sólo un hotel, ni viñedos, ni una bodega; es un producto integral que se complementa con atractivos únicos, como la posibilidad de que los visitantes cosechen las verduras que piensan comer de una huerta orgánica; usen eltelescopio para observar estrellas y planetas; o que coman gallinas o cabritos producidos en el mismo lugar. “Junto a la Cámara de Turismo de Cachi estamos trabajando para que el pueblo sea un destino turístico; y no sólo un lugar de excursión. Todos los días llegan decenas de combis con turistas, pero muy pocos se quedan a disfrutar los atractivos del lugar” repasó el empresario, quien también contó que “con la Asociación de Vitivinicultores del Alto Valle Calchaquí estamos trabajando para fortalecer la idea de que, gracias al clima y la altura, nuestros vinos son únicos, con características especiales”. Destacó además el aporte de los gobiernos nacional y provincial a la Asociación, que recibió una máquina envasadora italiana, que les da calidad para exportar. A pesar de que muchas veces los resultados económicos no son los esperados, Urtasun no se arrepiente de su decisión. Por el contrario, consideró que “después de tantos años de esfuerzo e inversión, logramos un desarrollo especial, adonde la gente llega a vivir experiencias distintas. Es un lugar mágico, digno de ser descubierto”, concluyó. 

 

Fuente: Dossier Empresario

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