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Tras el fracaso con la soja, se hundió todo el agro regional

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Solo con el poroto, hay cientos de productores y miles de puestos de ocupación en vilo. 

La frontera agrícola del norte argentino se amplió en los últimos doce años de la mano de la soja, cuya expansión incentivó otras siembras que mejoraron la cobertura invernal (trigo, cártamo, garbanzo) y aseguraron la sustentabilidad de los suelos con las necesarias rotaciones de cultivos (maíz y sorgo).
Del mismo modo, pero ahora en sentido inverso, detrás de la pérdida de competitividad de la soja se hundieron las demás producciones regionales.
El agro salteño enfrenta una situación límite que, solo con las legumbres, tiene a cientos de productores y cerca de 20.000 puestos de trabajo, directos e indirectos, en jaque.
El escenario del poroto
Con su cosecha de poroto retrasada por el clima (mayo apenas tuvo tres días despejados en zonas aledañas a Tartagal), el norte provincial muestra hoy un escenario más que sombrío. En un encuentro de productores realizado en Coronel Cornejo, localidad del municipio de General Mosconi, se expuso el crítico cuadro de situación.
El preocupante diagnóstico anticipa que esta campaña cerrará con un saldo negativo de $370 millones para productores poroteros. Se estiman pérdidas de $1.000 por cada hectárea sembrada y una sobreoferta de alrededor de 125 millones de kilos, con respecto a la anterior campaña. A la saturación de los mercados y consecuentes precios en baja se agregan trabas burocráticas que impiden colocar la legumbre en Bolivia y otros países vecinos.
El agro del norte provincial también arrastra pesados endeudamientos con altas tasas e intereses de usura por descubiertos bancarios, descuentos de documentos e hipotecas. “La situación de quebranto es generalizada en toda la cadena de productores, contratistas y proveedores de insumos”, se advierte desde Orán y San Martín, dos departamentos en los que se concentran dos tercera partes de las más de 370.000 hectáreas sembradas con poroto en Salta, según datos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta).
Hoy, los cultivos de Alubia, Negro, Cranberry y otras variedades ocupan 90.000 hectáreas más que en la pasada campaña y casi 150.000 hectáreas más que en la de 2012-2013.
La drástica pérdida de competitividad de la soja llevó a muchos productores en estos años a probar con cultivos que, al momento de las siembras, ofrecían posibilidades de rentabilidad. La reorientación al maíz y sorgo fue desalentada por los exorbitantes fletes, las pesadas retenciones y mercados de exportación cartelizados por las regulaciones.
Sobreoferta
El poroto, en sus distintas variedades, se convirtió así en una de las alternativas con las que productores intentaron sacarse la soga del cuello. Otras fueron el sésamo y la chía. Con mercados reducidos, la desordenada expansión de las diferentes producciones regionales con las que se intentó diversificar o suplir a la soja poco tardó en derrumbar los precios por la sobreoferta.
Al igual que con el poroto, en 2014 se registró un descomunal crecimiento de la siembra de chía (70.000 hectáreas), en un mercado que no podía absorber más de 20% de lo obtenido. Como consecuencia de ello, prácticamente toda la cosecha quedó sin posibilidades de venta.
En Salta, el poroto es uno de los principales cultivos junto a la soja. Con superficies de siembra razonable, hasta 2013, movió exportaciones de 300 a 400 millones de dólares y se consolidó como uno de los mayores pilares de ocupación directa e indirecta en el norte.
Hoy ese contenedor económico y social está con las cuentas en rojo, como otros cultivos en el NOA y el NEA, donde se esperan medidas diferenciales que devuelvan una mínima rentabilidad a la soja y otras producciones regionales que, con precios a la baja, no resisten la actual carga de retenciones ni los onerosos fletes

Una carga para pagar tres fletes
El transporte se lleva cerca del 35% de la estructura de costos de los productores. Llevar granos o legumbres desde el norte salteño hasta Rosario (Santa Fe) cuesta entre 75 y 80 dólares por tonelada. En áreas agrícolas de San Martín, los fletes a puerto representan casi el 35% de la estructura de costos de la producción granaria.
“Cada tres camiones que salen con poroto desde Tartagal, General Mosconi o Embarcación, la carga completa de uno apenas alcanza para pagar los fletes”, subrayó un productor de legumbres de Mosconi en diálogo con El Tribuno.
Desde la zona de Anta, el flete a los productores les cuesta 70 dólares por tonelada. En Metán y Rosario de la Frontera (sur de la provincia), los costos de transporte en camión son de 68 dólares por tonelada.
Sin alternativas
Los productores de Salta gastarán en esta campaña $1.600 millones en fletes. Este monto se reduciría en un 40% con la reactivación del ferrocarril Belgrano y un mejor aprovechamiento del puerto chaqueño de Barranqueras y de la hidrovía del Paraná.
Menos de un 5% por ciento de la producción de granos de Salta se transporta en el ferrocarril. El porcentaje restante se mueve en camiones que, en su gran mayoría, pertenecen a empresas que están radicadas y tributan en la región del centro del país.
Entre los reclamos de las entidades rurales figura la implementación de un puerto seco, en un punto medio entre la provincia y las terminales portuarias de Rosario.

Fuente: EL TRIBUNO

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