Los yacimientos norteños perdieron el 63% de su producción, en diez años, y siguen en picada. Crece la preocupación por la refinería de Campo Durán. Parte de su sistema opera al 60%.
En el reclamo de los usuarios que reciben las facturas del gas con subas de hasta 700%, en la queja de los taxistas que pagan el GNC más caro que en Buenos Aires y en los pronunciamientos políticos, Salta sigue siendo “la segunda productora de gas”. Sin embargo, en los registros del Instituto Argentino del Gas y del Petróleo (IAPG) ya está quinta, muy cerca de perder esa posición con Mendoza y de empezar a figurar, en el grupo “otras”, junto a Río Negro, La Pampa, Formosa y Jujuy. Así de hundidos están los yacimientos de San Martín, para los cuales la llamada década ganada terminó, sin ninguna duda, perdida.
Días atrás, en su último discurso como presidenta ante la Bolsa de Comercio, Cristina Fernández ponderó algunos números de YPF.
Luego Telam informó que la producción de gas del país creció en junio un 3,1%
Los registros del IAPG muestran, que lejos de cualquier repunte, la producción salteña cayó en junio, último mes con actualizaciones estadísticas, al piso más bajo de la década.
Vuelta de almanaque
En noviembre de 2005, el directorio de Refinor, que encabezaba por entonces la brasileña Petrobras, aprobó una millonaria inversión en Campo Durán, para ampliar su capacidad de procesamiento de gas a 30 millones de metros cúbicos diarios.
En esos momentos, la refinería de Aguaray procesaba hasta 22 millones de metros cúbicos diarios que eran aportados, casi íntegramente, por los yacimientos de San Martín.
Las compras de gas boliviano habían arrancado poco antes, con 3 millones de metros cúbicos diarios, como punto de partida de una progresiva dependencia importadora.
Con el precio del gas congelado en los yacimientos argentinos desde 2002, la exploración gasífera se había desplazado desde el norte salteño hacia el sur boliviano. Allí, el gas les resultaba mucho más redituable a las petroleras. En los pozos salteños las empresas obtenían 2,50 dólares por cada millón de BTU (medida equivalente a 27 metros cúbicos), mientras que desde Tarija embolsaban, por el mismo gas, 10 dólares.
Sin exploración ni hallazgos genuinos, la producción gasífera comenzaba a caer en Salta más que en ninguna otra provincia productora y surgían problemas para atender las crecientes demandas domésticas. Usinas térmicas y plantas industriales del norte argentino eran las primeras en enfrentar restricciones. El ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, negaba la escasez de gas y trataba de “imbéciles” a los periodistas norteños que advertían en notas y titulares sobre la “crisis energética” en ciernes.
Ese era el escenario en el que Carlos Fonte, presidente de Refinor, anunciaba la ampliación de la refinería de Aguaray en noviembre de 2005.
Por el rumbo que mantuvo la Casa Rosada hasta hoy, con su política energética, los grandes yacimientos de San Martín no pararon de hundirse y el proyecto de ampliación de la refinería de Campo Durán quedó definitivamente descartado.
Caída del 63% en los registros
Las producciones de las áreas de Ramos, Acambuco y Aguaragüe cayeron de 20,5 millones de metros cúbicos diarios en 2005 a 7,7 millones (un 63% menos). Desde 2009 los registros vienen en caída libre. Hasta ese año, solo Neuquén aportaba más gas que Salta, que ahora también aporta menos que Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego.
Las dueñas del gas tarijeño
Repsol y Petrobras operan las mayores áreas hidrocarburíferas del sur de Bolivia. El retiro de Petrobras de Refinor, anticipado por El Tribuno en 2014, fue una indubitable señal de la noche que se avecinaba para la refinería de Agua ray.
La brasileña decidió desprenderse de sus activos en Argentina (serán adquiridos por YPF o Cristóbal López) y focalizar sus inversiones en Bolivia, donde tiene en Tarija tres de los megayacimientos que alimentarán a la nueva refinería del Gran Chaco.
Tras la nacionalización de YPF, en 2012, Repsol no solo pugnó contra el Estado argentino por una compensación de 5.000 millones de dólares, sino que también concentró sus negocios en los yacimientos del sur de Bolivia. Desde Tarija, hoy vende a la Argentina el gas que extrae en Margarita, el área boliviana con mayor producción, a precio internacional.
No todo termina ahí. La petrolera que preside Antonio Brufau fue la promotora y será principal beneficiaria, junto a Petrobras, de los productos que fraccionará la planta que acaba de ser inaugurada en Tarija.
Allí empezó a separarse gradualmente del flujo de exportación a Argentina, el gas licuado de petróleo (GLP). A través de algunos acuerdos ya cerrados y de otros que tienen compromisos firmados por los gobiernos del Mercosur, Repsol y Petrobras se convertirán, con la refinería habilitada en Tarija, en exportadoras hegemónicas de gas envasado a Perú, Paraguay, Uruguay, Brasil y Argentina. Y el gas de las garrafas, lo anticipó el gobierno de Evo Morales, se ajustará a precios internacionales.
Fuente: Antonio Oieni, El Tribuno








