Ya no está Néstor Kirchner para contener las aspiraciones de Moyano. Empresarios advierten del descontento que genera el modelo actual por sus inequidades y del gran malestar entre empleados.
Por estas horas, tanto ejecutivos de empresas como analistas, funcionarios, economistas y profesionales, aún están buscando dilucidar cuánto del panorama político y económico cambiará tras la repentina muerte de Néstor Kirchner.
En medio de tantas dudas y pocas certezas, la Argentina ha comenzado a navegar por un mar de interrogantes.
Algunos lineamientos duros del llamado “modelo K” naufragarán ante la necesidad de lograr mayores consensos; varios serán suavizados; y otros pasarán a mejor vida.
Y es la continuidad en la política de llenar de dinero los bolsillos de los argentinos, a partir de una estrategia salarial que cobrará un rol más protagónico que el observado hasta ahora. Por dos motivos bien sencillos:
• En lo económico, para exacerbar la demanda interna. El Gobierno necesita llegar a las elecciones mostrando que el país ha seguido creciendo con el mismo ímpetu que hasta ahora.
• En lo político, porque ahora más que nunca se tendrá que afianzar la alianza del Ejecutivo con el aparato sindical. En este sentido, podría decirse que “la suerte está echada”:
• Los trabajadores que están bajo los paraguas de convenios sindicales tendrán una mejora en sus remuneraciones de entre 25% y 30 por ciento.
• Los jefes, supervisores, gerentes, directores y la mayoría de aquellos que están fuera de convenio, recibirán un incremento de entre 8 y 10 puntos menos.
Es decir, sólo algunos empleados quedarán por encima de la “línea de flotación inflacionaria” y podrán mantener su capacidad de compra, mientras que otros verán cómo se hunde su poder adquisitivo.
“Ya los aumentos de salarios no se pactan según si a un sector le va mejor que a otro y puede afrontarlos. Tampoco según las mejoras alcanzadas en la productividad. Se logran según el mayor o menor poder de presión de cada sindicato. Y encima se negocian en base a la inflación futura y no pasada”, advierte con marcada preocupación Ernesto Kritz, especialista en materia laboral.
“El solapamiento que se dio en 2010 no es sostenible en el largo plazo. Pese a eso, no creo que la situación tienda a mejorar el año próximo. Y el motivo es que los empresarios no van a ejercer mucha resistencia a los reclamos salariales, sabiendo que habrá un aval total de parte de las autoridades para con los sindicatos”, afirma Eric Ritondale, de la consultora Econviews.
“Estamos detectando niveles de insatisfacción muy preocupantes entre los empleados, producto de las grandes y crecientes distorsiones en la estructura de compensaciones de las empresas”, señala Paula Molinari, titular de la consultora Whalecom y docente de la Universidad Di Tella.
“Se nos hace muy difícil evitar el descontento de nuestros empleados administrativos, muchos de ellos con un título universitario, que ven que su salario es la mitad del de los trabajadores que transportan mercadería”, confiesa la gerente de recursos humanos de una reconocida empresa de logística.
Fuente: iprofesional.com









