A través de un comunicado que lleva la firma del secretario de Prensa de FOEVA, Daniel Romero, la entidad consideró que esta medida “fragmenta el sistema de control” que caracterizó durante décadas al INV y que le dio prestigio a los vinos argentinos en mercados internacionales exigentes.
Romero lo sintetizó de manera contundente: “Si el INV sólo controla el vino embotellado, desaparece la trazabilidad”. Para el gremio, esto implica que no se sabrá cuánta uva fue cosechada, en qué condiciones laborales, ni si los procesos productivos cumplen con los estándares que exige la ley.
Duras críticas del gremio a la resolución que desregula el INV
La Federación advirtió que la desregulación “favorece la informalidad, debilita la fiscalización laboral y puede afectar la calidad del producto y la imagen del vino argentino en el exterior”.
Otro aspecto crítico que destacó el gremio fue una vendimia marcada por “dos realidades completamente distintas”. En la viña describió un panorama crítico: caída del rendimiento, desaparición de pequeños productores, presión de la uva importada y empleos inestables o directamente perdidos.
Para los trabajadores y trabajadoras del viñedo, el 2025 fue uno de los años más duros de la última década, con una merma en la producción que impactó de lleno en la cantidad de jornadas laborables y en los ingresos percibidos durante la temporada, remarcó.
En el sector de bodegas la situación también mostró retrocesos. La caída del consumo interno, el amesetamiento de las exportaciones y la falta de competitividad generaron dificultades diversas, incluso para empresas de trayectoria.
La Federación citó casos de firmas como La Riojana, Norton, Fecovita o varias bodegas de San Juan que atravesaron reducciones de personal o directamente cese de actividades.
El sindicato subrayó que este fenómeno no responde únicamente a cuestiones coyunturales, sino a cambios estructurales profundos: la irrupción acelerada de nuevas tecnologías en las líneas de producción, que si bien modernizan procesos, reducen la demanda de mano de obra y exigen perfiles laborales distintos a los históricamente formados en la región.
Todo este contexto contribuyó a “un panorama de paritarias atravesadas por límites salariales que no tenían relación con la inflación real ni con la canasta básica”, lo que derivó en discusiones extensas y un clima de tensión permanente, añadió.
Desde esta perspectiva, el año 2025 ofreció avances desde el punto de vista institucional dentro del sindicato, pero dejó en evidencia la incapacidad del sector de recomponer el poder adquisitivo perdido desde la devaluación de 2024. Según FOEVA, la prioridad de cara al 2026 será recuperar el salario real, proteger la trazabilidad y defender cada puesto de trabajo.
También resaltó que la atomización del sector empresario -con diez cámaras representando a las bodegas y nueve a los viñateros- también dificultó la posibilidad de avanzar con rapidez en un acuerdo.
En ese sentido, recién en octubre se logró un cierre con un aumento del 12% para bodegas y del 9,9% para viñas. El gremio evaluó que “el cierre fue un avance dentro de un contexto muy restrictivo, pero todavía lejos de lo necesario para recomponer el poder adquisitivo”.
El gremio insiste en que el problema de fondo persiste, porque los topes impuestos por el Ejecutivo neutralizan la posibilidad de discutir salarios que acompañen la inflación real.
A pesar de las dificultades que mencionó en el informe, la Federación destacó que durante el año logró avanzar en mejoras institucionales que buscan acompañar de manera más efectiva a los trabajadores: ampliación de beneficios, fortalecimiento de los subsidios, incorporación de un fondo de retiro, más presencia en inspecciones y asistencia a sindicatos de base, además de mejoras edilicias en inmuebles utilizados por los afiliados.









