Una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia dejó como como consecuencia el colapso histórico de los precios del petróleo. El desplome, además, ya venía siendo alimentado por el temor de los mercados mundiales ante el avance del coronavirus. Un simple ejercicio lógico haría pensar que, ahora, el valor de los combustibles también debería bajar, pero la compleja realidad económica argentina ofrece otras respuestas.
El precio del barril Brent -utilizado como referencia en el país- cotiza a U$$ 34: ha perdido cerca del 20% de su valor en cuestión de días (hace un mes, el valor era superior a U$$ 50). Desde 1991 no se registraba un derrumbe similar.
Ahora bien, si cada vez que sube el precio internacional del petróleo se justifican nuevas subas en los combustibles locales, ¿ahora no deberían bajar? Desde la filial tucumana de la Cámara de Comerciantes de Derivados del Petróleo, Gas y Afines (Capega) -que nuclea a los propietarios de las estaciones de servicio- no estiman que eso vaya a ocurrir. Por lo menos en el corto o mediano plazo.
“Hay que esperar y ver si esta caída (del petróleo) es sostenida en el largo plazo o si pronto retomará los picos alcistas. No hay respuestas inmediatas”, expresó Daniel Gargiulo, presidente de la comisión directiva de los estacioneros tucumanos. Y agregó: “como la materia prima es el petróleo, si esta situación se mantiene en el tiempo podría haber algún tipo de devaluación”.
La estructura de costos
Luego de calcular los posibles impactos futuros, Gargiulo no tardó en tamizar las especulaciones. “Tampoco es que la relación sea directamente proporcional. Hay que tener en cuenta que nosotros venimos sufriendo un congelamiento de precios. Las subas no han sido lineales”, cotejó.
El valor de venta de las naftas ha permanecido inmóvil desde la asunción de Alberto Fernández, en diciembre. La única modificación ocurrió la semana pasada, luego de que YPF dispusiera una suba de entre 13 y 15 centavos por la aplicación del impuesto al dióxido de carbono. Así, en los surtidores locales de la petrolera estatal, el litro del combustible súper se ubica en torno a los $ 60, mientras que la premium supera los $ 67.
“Todo va a depender de lo que negocien el Gobierno y los productores; estos ya resignaron precios ya sea por acuerdo o por imposición. Hay facturas que saldar”, estimó el directivo. En ese sentido, consideró que, más que bajas en el futuro, vislumbra como una mayor posibilidad el mantenimiento de los precios actuales (en un escenario con el valor del barril del petróleo depreciado).
Según explicó Gargiulo, Capega está afiliada a la confederación nacional que nuclea a los estacioneros. Desde ahí, participan en las conversaciones con la Secretaría de Energía y las petroleras, pero no de las decisiones finales.
En la misma línea, Sebastián Vargiu, secretario de Capega, mantuvo cautela a la hora de los pronósticos. “Hay una estructura de precios que manejan las petroleras y en la que nosotros no tenemos injerencia”, se escudó. Y añadió: “no me aventuraría a decir qué pasará. Hay más variables inestables en el medio. Se trata de un mercado regulado en el que intervienen numerosos impuestos y el dólar”.
“Es bueno para el consumidor, ¡el precio de la gasolina bajará!”, tuiteó ayer el presidente de Estados Unidos, Donald Trump por el colapso del petróleo. Por lo pronto, en la Argentina el camino es diferente.
Fuente: lagacetasalta.com.ar








