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“No todos los chicos sufren de desnutrición por pobreza o miseria”

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 En Salta el de la desnutrición infantil es un flagelo al que las autoridades decidieron enfrentar desde varios frentes. Uno de ellos es el proyecto que desde hace tres décadas desarrolla Gladys Pernas.

Gladys Pernas es una médica pediatra, nacida en Santiago del Estero, que en algún momento pensó y soñó en trabajar con niños que sufrían desnutrición aguda grave para ayudarlos a recuperarse. “En mi cabeza tenía la fantasía de que si aislábamos a los pequeños en lugares donde no se puedan contaminar de otras enfermedades infecciosas tendrían más posibilidades de superar el proceso y recuperarse”, contó Pernas sobre sus primeros pasos en la especialidad, cuando cursaba su tercer y último año de la residencia médica.
Pernas recordó que “en aquel momento no había médicos especialistas en nutrición y yo consideraba fundamental armar un equipo donde el médico debía hacer el diagnóstico del por qué el niño estaba desnutrido, ya que no todos los chicos se desnutren por pobreza, miseria o falta de olla, sino que hay una diversidad de enfermedades que hacen necesaria una alimentación diferente, porque las infecciones urinarias se seleccionan, los cardiopáticos tienen otra alimentación y siempre de acuerdo a la etiología”.
Cuando la oportunidad que la médica esperaba se presentó, no la desaprovechó: “Así fue como empecé con un primer niño, que fue aislado en un lugar en el que se le aportó todo lo que en mi fantasía consideraba necesario para su recuperación, no solamente la comida, sino el cariño, el afecto, la música, los juegos… Y su recuperación fue fantástica, en menos tiempo y sin sufrir ninguna otra infección agregada”, destacó Pernas y detalló además que “yo la había preparado a su mamá para que ella fuera la enfermera y, como era su madre, era la enfermera perfecta; de hecho, no se volvió a contaminar de nada”.
Con el éxito de la primera experiencia, la doctora decidió que era necesario avanzar en el proyecto y llevarlo a muchos pacientes más. “A partir de ese punto nos dimos cuenta con quienes me acompañaban que, más que un niño, tenían que ser dos, tres o cuatro y así surgió la primera sala de recuperación nutricional, en donde se aislaba a los chicos con este problema. Antes terminé mi especialización, me fui a Buenos Aires y me capacité y luego armé este primer servicio de recuperación en el Hospital Materno Infantil”, dijo.
“En aquella locura, hoy lejana casi treinta años en el tiempo, me siguió una enfermera que me dijo: ‘Doctora, todos dicen que usted está loca pero yo creo en su locura’. Y ella fue quien me acompañó en ese proyecto desde el primer momento, su nombre era Tina de Reynaga y con ella estuvimos las dos solitas por muchos años hasta que se formó el servicio”, manifestó Pernas.
Sin embargo, a pesar de los años de carrera, la médica jamás olvidó su primera experiencia con un chico desnutrido: “Fue este niño el que despertó en mí el interés por trabajar en la parte de nutrición porque vi la necesidad de que hubiera un área que se ocupe de lo que él necesitaba. Su nombre es Jonathan Flores y, cuando cumplió 18 años, me vino a ver con su mamá, para conocerme. Hoy debe tener casi 30 años, ya es un hombre que debe tener su familia. Lo último que supe es que vivía en Buenos Aires”.
Con el tiempo el servicio creció y le asignaron un lugar específico: “Nosotros queríamos trabajar con las madres, capacitarlas en alimentación para que aprendan a hacer comidas tan nuestras y nutritivas como el anchi, la mazamorra y el arroz con leche, que muchas no sabían prepararlo, pero siempre rescatando la cultura de cada una, porque venía mucha gente del interior que tenía sus costumbres alimenticias; así que en ese lugar, que eran dos salas juntas con una cocina, les enseñábamos y aprendíamos a la vez de estas madres sobre la alimentación en cada sector de la provincia y compartíamos recetas”.
Pernas contó que “después cambió el Materno Infantil y empezó a funcionar como una Sociedad Anónima del Estado y, como era un gerenciamiento español, nos quedamos sin lugar porque no tenían contemplada la parte de clínica nutricional; esto fue un golpe terrible porque desaparecía nuestro servicio que venía trabajando muy fuertemente no solo en la desnutrición ya, sino también en investigación; de hecho fuimos uno de los primeros servicios en detectar la celiaquía. Nos habíamos capacitado en gastroenterología y nutrición. Tanto crecimos que mientras más grande era nuestra oferta mayor era al mismo tiempo la demanda”.
Pero el servicio se cerró. “Así empezó una larga lucha, hasta que me escuchó el gobernador actual, Juan Manuel Urtubey, y el ministro Carlos Parodi, a quienes yo llamo ‘Los Ángeles de la nutrición’ porque fueron los que me escucharon; y yo les mostré todo lo que tenía de evidencia de mi trabajo de lo que había sido aquel pequeño servicio y, desde ahí, en 2011, el Gobernador anunció la creación de tres centros de recuperación, en Capital, Tartagal y Orán”, indicó.
A partir de ese momento el trabajo que desarrollaba la pediatra empezó a tener más apoyo y una mejor capacidad de respuesta. “En Salud Pública la obligación es diferenciar la desnutrición primaria, en donde la solución no pasa por Salud Pública exclusivamente sino por muchas otras instituciones y ministerios como Educación, Planeamiento Ambiental, Infraestructura, Agua, etcétera”. Sin embargo, el Centro de Recuperación Nutricional e Investigación Clínica de las Enfermedades de la Infancia, que encabeza Pernas, “identifica qué compete a esta base estructural y qué compete a Salud Pública por ser una desnutrición secundaria a otros patologías como cardiopatías congénitas, labio leporinos, celíacos, alergias alimentarias, intestino corto, etcétera porque no todo pasa solo por la falta de alimentos”.
“En el interior hay toda una diversidad de patologías, los niños, en las comunidades o los pueblos originarios también se enferman de otras cosas que no son solo el hambre. Cómo le explica usted a una familia de alguna etnia aborigen que el niño es celíaco y no puede comer pan”, plantea Pernas y grafica: “Sino cómo se explica que en una familia de seis hermanos uno solo muera por desnutrición; entonces hay que empezar a investigar si ese niño no era celíaco, tiroideo, alérgico, renal, etcétera”.
“Este es mi desafío –aseguró- y la llave para resolverlo sigue estando en el Plan Carrillo, que a más de 30 años sigue vigente y la fortaleza del sistema está ahí, porque hay que entender que la primera persona que está en contacto con estos niños tiene que disparar la primera alerta”.
En este sentido, Pernas afirmó: “Nosotros tenemos centros de salud, lo que tenemos que hacer es hacerlo fuertes. Los agentes sanitarios tienen que estar capacitados y formados en niveles de alarma para que ellos nos llamen y nos digan que hay niños con determinada condición para que los veamos. No es que a todo flaquito hay que darle aceite para hacerlo engordar, ni a todo peticito proteínas para que crezca, no; lo primero que hay que hacer es identificar el por qué de su problema; ya que es más peligroso intentar engordar a un niño que no puede porque tiene otro problema. Por eso mi consigna es detectar qué es lo que la comunidad necesita de los equipos de salud, y la respuesta es que hay dos cuestiones clave: necesita que cada integrante del equipo de salud tengan una actitud atenta y capacitada. Una sola no sirve, tienen que ser necesariamente las dos, combinadas”.
“En síntesis, lo que estoy haciendo es formar en toda la provincia equipos que llamo clones, no porque sean copias, sino porque son parecidos, donde todos tenemos las mismas consignas. Todo este trabajo ha dado un vuelco a la visión en torno a la salud de los niños”, señaló.
Sobre lo bueno y lo malo de trabajar en nutrición, Pernas lo resuelve en la siguiente frase: “Dicen que en todas las enfermedades cualquiera puede ser el padre, pero una sola la madre: la Nutrición. Considero que no hay otro órgano más importante porque hasta para hacernos, nuestros padres necesitaron nutrición. No hay nada más importante que la nutrición en sí, la nutrición es vida y no hay vida sin nutrientes”.
“¿Si alguna vez me planteé qué sería si no me hubiese formado como médica pediatra especializada en nutrición infantil? Sí, me lo pregunté muchas veces, pero nunca encontré la respuesta. Terminé diciendo que en realidad creo que no sería nada”, finalizó.

 

Fuente: Dossier Empresario

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