Un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa revela que cinco ciudades salteñas figuran en el ranking de las que más venta ambulante poseen en el país.
Caminar libremente o disfrutar de los espacios públicos de la ciudad puede resultar una odisea –especialmente los fines de semana- porque unas 300 familias viven de la venta ambulante en la ciudad, solamente en el radio del micro y macrocentro. Desde la Municipalidad reconocen negligencias para contener una actividad que crece y se apodera de veredas y plazas o monumentos.
Escaso personal y vehículos en malas condiciones para circular fueron algunas de las respuestas que brindó Nicolás Avellaneda, subsecretario de Control Comercial, para atender a la problemática. En diálogo con LA GACETA SALTA el funcionario aseguró que pese a los controles, la venta ambulante es una suerte de “epidemia” que brota por toda la ciudad.
Lugares históricos como el parque San Martín, la Plaza Belgrano o las peatonales Alberdi y Florida, solo para mencionar algunos de ellos, suelen desbordarse por la presencia de manteros que ofrecen sus productos con la “complicidad” de los peatones que optan por productos económicos. Según Avellaneda, la solución estaría en instalar guardias permanentes para controlar el comercio ilegal. “Los vendedores son advertidos que ocupan un espacio público, se retiran y a las pocas horas o al día siguiente retornan”, reconoció el funcionario argumentando que mientras los inspectores se desplazan hacia otros sectores, los vendedores se las ingenian para volver a ocupar las veredas y plazas.
La problemática reside en la falta de personal. El titular de la subsecretaría aseguró que elevó al intendente capitalino, Gustavo Sáenz, un pedido de incorporar al menos 70 empleados al sector para lograr un trabajo más eficiente.
“Pedimos formalmente a través de un expediente la incorporación y selección de 70 empleados que sean ubicados en Control Comercial para reforzar el espacio público”, aseguró Avellaneda. La nómina saldría de los 700 empleados que fueron categorizados a planta permanente en el fin de la gestión de Miguel Isa.
De concretarse la propuesta, la instalación de puntos fijos de control en los espacios más concurridos de la ciudad sería la respuesta para frenar la actividad. “Cuesta mucho hacerles entender que cumplan con las normativas y ordenanzas”, advirtió Avellaneda.
Pero sin vehículos oficiales, llevar adelante los controles resulta una tarea imposible. El parque automotor es otro de los puntos débiles para las áreas de control que son distribuidos para todas las áreas de control: salubridad, inspecciones comerciales y espacios públicos. “Con ese panorama, nos cuesta movilizarnos por la ciudad”, concluyó el funcionario.
Fuente: La Gaceta Salta









