Cumpleaños, reuniones familiares o simplemente el asado del domingo se convirtieron en condiciones propicias para comprar carne con tarjeta de crédito.
La transacción con dinero “plástico” hasta hace un tiempo era exclusiva de rubros como electrodomésticos o indumentaria pero hace algunos meses, pasó a ocupar un lugar destacado dentro de las compras en cuotas.
“Si no fuera por las tarjetas de crédito, nuestras ventas habrían caído más de lo que ya lo hicieron”, comentó a El Tribuno, Roxana, encargada de una carnicería céntrica.
“Depende de la fecha y del acontecimiento pero la gente optó por comprar con financiación”, aseguró José, responsable de otro negocio dedicado a la venta de carne.
Por estos momentos, la financiación se presenta como una salida a quienes no cuentan con dinero en efectivo a fin de mes o bien cuando se trata de un gasto grande.
A nadie sorprende cuando a la hora de pagar, las tarjetas de créditos salen a relucir en su más amplia gama de colores.
Subas y bajas
La suba de precios determinó una baja considerable en la demanda de la carne y sus derivados (algunos comerciantes coinciden que entre el 20 y 30 por ciento con respecto al año anterior).
Desde el lomo, el kilo a 90 pesos aproximadamente como uno de los cortes más caros, hasta el blando común, a 65 pesos el kilo, representan alternativas a las que la gente volvió a acceder debido al pago con tarjetas de créditos.
“Los precios altos son una de las razones por las que compro con tarjeta de crédito y también lo hago porque la plata no alcanza como antes. Es comer algo hoy que lo terminás pagando en los próximos meses, pero no queda opción “, detalló Mónica mientras aguardaba su turno en la caja de un local.
“No tienen la base para hacerlo”
Las carnicerías de las zonas más alejadas no quedaron fuera del análisis. Fue el caso de algunas ubicadas en la zona sudeste de la ciudad. Esas no reciben tarjetas de crédito pero las ventas bajaron casi a la mitad.
“La gente no tiene la base financiera para hacerlo y en su mayoría compran en pequeñas cantidades, nada más”, explicó Javier, empleado de una carnicería ubicada sobre avenida Felipe Varela.
Fuente: Verónica Casasola – El Tribuno









