Un estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA) advierte que numerosos pequeños emprendedores o cuentapropistas tienen distintas dificultades. Estas se dan sobre todo en la cuestión impositiva y en el acceso a mayores mercados, a créditos, a innovación y cambio tecnológico, a capacitación y formación.
Dicho estudio da cuenta del potencial que tiene este sector a veces relegado pues en general se trata de trabajadores por cuenta propia, más los familiares que colaboran con ellos y que en las estadísticas figuran como trabajadores sin salario, y por pequeños emprendedores quedan empleo a otras personas. No es un universo pequeño, aunque sí extremadamente variado.
Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC –que cubre un universo de aproximadamente 25 millones de habitantes- ellos representan un 24% de la población ocupada en los grandes conglomerados urbanos del país.
“En el tema laboral, una de las grandes paradojas regulatorias es que las microempresas tienen regímenes especiales y simplificados para el pago de los impuestos (monotributo nacional y provincial), en consideración a su pequeño tamaño y baja productividad, pero no reciben igual consideración para su vinculación con sus trabajadores”, advierte el informe. Y agrega, “en esto se les aplica el régimen general de la Ley de Contrato de Trabajo y el convenio colectivo sectorial, es decir, rige el mismo dispositivo legal que se aplica a las grandes empresas. Esta falta de consideración por la debilidad administrativa y financiera de las microempresas hace que la formalización de trabajadores en el segmento más pequeño del tejido productivo sea impracticable”
Además, los pequeños dadores de trabajo y los cuentapropistas suelen comenzar siendo monotributistas, pero la falta de actualización de los límites en un contexto inflacionario hacen que este sistema se vuelva muy restrictivo.
El análisis de la UCA recalca que “esta exigencia se está imponiendo sobre la cabeza de un pequeño emprendedor o cuentapropistas que no tiene estudios universitarios y que tiene un nivel de ingreso que no se diferencia mucho de un asalariado de baja remuneración”.
También a nivel municipal
“Los municipios también aplican tasas que se suman a la carga del contribuyente”, observa el informe.
El impuesto a las Ganancias en los autónomos tiene mínimos no imponibles inferiores al de los asalariados, por lo que a bajos montos de facturación ya son gravados por la alícuota máxima que llega al 35 por ciento.
Por estas razones, los técnicos consideran que “para formalizar a este segmento de la producción y potenciar su creación de empleos de calidad es innegable que se requiere una reforma laboral e impositiva profunda. Para el tema laboral, se debería sancionar un Estatuto Especial para los Pequeños Emprendimientos”.









