En el nuevo desafio de diversificar las fuentes de energía de manera sustentable, la Argentina posee las condiciones para producir y exportar la biomasa que demandará el mundo.
Las energías renovables constituyen la industria con mayor crecimiento del mundo, con una tasa media del 64% para los últimos cinco años e inversiones estimadas, para 2020, en 500 millones de dólares. Para la región latinoamericana, el ritmo de crecimiento es mucho más abrumador: 145% anual en el mismo período, casi el triple. Estos datos de la consultora londinense New Energy Finance se complementan con otros de WWF-Netherlands, que anticipan el podio de las mayores industrias en los próximos diez años: automotriz, electrónica y energías renovables.
Mientras la comunidad europea apela a las importaciones para cubrir un elevado porcentaje de sus necesidades energéticas, la Argentina cuenta con todas las condiciones para convertirse en un actor fundamental entre los productores y exportadores de energías limpias a escala global.
“Diversos factores económicos y geopolíticos han reactivado el interés en obtener biocombustibles a partir de recursos renovables”, expresó Daniel Grasso, coordinador del proyecto específico Desarrollo y generación de biocombustibles de segunda y tercera generación del INTA. De hecho, el país con mayores emisiones de gases de efecto invernadero, China, asumió disminuir un 45% su consumo de combustibles fósiles durante la conferencia sobre cambio climática de Copenhague, lo cual abrió nuevas perspectivas de mercado con el gigante asiático.
Por su parte, las metas europeas son exigentes: desde 2010, establecieron que el 21% de la electricidad debe provenir de fuentes renovables, buscan reducir su dependencia de combustibles fósiles y continúan instalando plantas a pesar de que la producción de biodiesel funciona a la mitad de su capacidad –en parte por la escasez regional de materia prima–. En este contexto, países latinoamericanos y en especial la Argentina y Brasil se consolidan cada vez más como grandes exportadores listos para abastecer la demanda mundial.
“La Argentina ha desarrollado una industria de biodiesel fuerte y extremadamente eficiente”, afirmó el presidente Carlos St. James, presidente de la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), aunque también reconoció “retos” en materia fiscal. Además, St. James expresó que la nación “tiene ventajas competitivas naturales como pocos países del mundo debido a la riqueza de sus suelos, el uso de métodos de siembra directa y el clustering de la industria sobre el Río Paraná”.
Los avances tecnológicos alcanzados en las ciencias biológicas y la bioingeniería, indicó Grasso, permiten “ver con optimismo la posibilidad de obtener el pleno potencial de la biomasa en el área de combustibles líquidos en los próximos 10-15 años”. El especialista explicó también que actualmente “se dispone de una importante plataforma tecnológica basada en los nuevos enfoques de la biología –determinada por la revolución genómica–, una capacidad de transferencia de genes sin precedentes y la posibilidad de modular la expresión de los genes que son fundamentales para superar obstáculos en la producción de biocombustibles rentables a partir de biomasa celulósica”.
En este sentido, profesionales de los institutos de Suelos, Biotecnología y Patobiología del INTA Castelar –Buenos Aires– enfocan sus investigaciones en el desarrollo de enzimas celulolíticas para que la producción de bioetanol lignocelulósico sea económicamente competitiva y sustentable.
Fuente: argentina.ar








