Se trata de un emprendimiento de origen tucumano. Fernando Bach (foto) junto a algunos de sus amigos vieron el negocio en unas vacaciones en Tafí del Valle, provincia de Tucumán.
En un recorrido por el lugar, conocieron un grupo de tejedores que vendía sus artesanías y Mendivil inmediatamente vio una oportunidad.
Así fue como juntos compraron muchos de los productos tejidos con telar para revender y en el regreso a Buenos Aires armaron una feria en la que se vendió casi todo. Ese fue el comienzo de Elementos Argentinos.
Con el concepto de hacer diseño hecho a mano, los socios vieron un nicho en un mercado en el cual hay artesanías y grandes diseños, pero no un punto medio que los una.
Respetando los diseños originales de los tejedores del interior e imponiendo también los propios, fueron creando la marca. La oferta va desde alfombras, mantas, mantones, almohadones, muebles y otros productos con diseño innovador.
“Intentamos tomar cosas tradicionales y darles una vuelta que las acerque al diseño, a lo contemporáneo y creo que la gente lo entendió. Nuestras piezas son hechas íntegramente a mano. En el caso de las piezas de lana, que son la mayoría, se trata de un proceso artesanal que empieza muchas veces con la esquila de la oveja o la llama hecha por nuestros mismos tejedores que tienen sus propios animales”, explicó Bach.
Hoy Elementos Argentinos cuenta con cerca de 90 tejedores de siete provincias diferentes. La venta que comenzó en 2006 como una feria en el living de la casa de Bach pasó a un PH en Godoy Cruz apenas un año después.
“Empezamos trabajando con los diseños de los tejedores que fuimos interviniendo. Lo que nos gusta es que los tejedores hagan un diseño de ellos, porque son ancestrales, y otro nuestro. A veces terminamos haciendo un trabajo conjunto con ellos porque les pedimos, sobre la base de lo que hacen, que hagan ciertas modificaciones”, indicó Mendivil, que estudió diseño de imagen y sonido en la Universidad de Buenos Aires y es el que suele crear los diseños.
“El 31 de diciembre de 2007 vino un extranjero al local y nos compró lo que yo ganaba en un mes, entonces me di cuenta de que me podía dedicar a esto. En la relación de dependencia tenés un techo y trabajando sólo tenés el riesgo de no vender. Lo que después entendés es que, cuando vos vendés mucho, tenés que guardar para cuando no vendés”, dijo.
Fuente: regionnortegrande.com









