Las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA) tocaron su nivel máximo en torno a u$s 50.000 millones el 12 de marzo del 2008. Aquel récord no duró demasiado ya que a mediados de mayo tuvo que salir a “devolver” los dólares cuando la crisis del campo estalló y hubo una mini corrida contra el peso.
La historia es conocida, pero el resultado del año pasado para el Central fue neutro: terminó con u$s 46.386 millones en sus arcas, un monto similar al que tenía comenzado ese año. Claro que el resultado neto, descontando los préstamos del Banco de Basilea (BIS) y demás, muestra que las “reales” reservas del BCRA terminaron en u$s 41.400 millones.
La performance podría caratularse, dada la crisis internacional y local, como positiva. Pero en el mercado no caben dudas que este año la historia será sustancialmente distinta. El Gobierno, bajo distintos escenarios, necesitará una fuente de dólares para pagar la deuda en esa moneda. Y el único financista (que tendrá los deseados billetes verdes) será el Banco Central. Según cálculos privados, las reservas podrían caer hasta u$s 5.000 millones por las necesidades oficiales. Claro que la autoridad monetaria podría tratar de “maquillar” los números con algún préstamo del BIS o los encajes en dólares de los bancos para que la foto no sea tan fea. Algo ya hecho.
Para Ramiro Castiñeira, economista jefe de Econométrica, lo que necesitará el Gobierno para el pago de la deuda en moneda extranjera será financiado comprando las reservas del BCRA. “No descartamos que la institución monetaria nuevamente tome deuda con el BIS para atenuar contablemente el descenso en el stock de reservas. Sabiendo que la economía ya no genera dólares producto de su atraso cambiario, que la salida de capitales privados en niveles relevantes es un escenario que no puede descartarse, y que el Gobierno sin acceso a los mercados necesita fondos para afrontar los pagos de la deuda en dólares, el BCRA se encontrará en el dilema de responder a dicha demanda con pérdida de reservas o devaluando la moneda. O una combinación de ambas”, alerta Castiñeira.
El equipo de economistas del Banco Ciudad, liderados por Luciano Laspina, estima que “bajo supuestos razonables, el Banco Central debería resignar unos u$s 4.000 millones de reservas si quiere evitar una depreciación brusca del peso”. La cuenta del Ciudad es la siguiente: con exportaciones e importaciones cayendo 16% en el año y una cuenta capital privada mejorando en u$s 5.000 millones respecto a 2008 (una salida de u$s 13.000 millones en 2009 contra los u$s 18.000 millones de 2008), el BCRA debería destinar unos u$s 4.000 millones para financiar los mayores pagos de capital e intereses de la deuda pública y la reducción del balance comercial. La única salvación sería una drástico ajuste de las importaciones (que dejaría como saldo más dólares en el país).
Desde la consultora de Carlos Melconian & Rodolfo Santangelo, explicaron que los vencimientos en dólares del Gobierno ascienden a u$s 7.500 millones este año. Más allá de lo que se pueda conseguir de financiamiento en moneda dura (hoy prácticamente cero) y sumando los intereses ganados por las reservas, el pago de la deuda quedará ligado al uso de las reservas del BCRA. Dicen que éstas caerán en una proporción de los vencimientos de deuda, que son u$s 5.000 millones descontando los intereses ganados y algún dinero que pueda llegar del BID. En el peor de los escenarios, agregan, el Gobierno podría llegar a necesitar financiarse totalidad de los pagos en dólares (los u$s 7.500 millones) vía el Banco Central. En el exterior, los guarismos no desentonan. Los analistas del banco británico Barclays Capital estimaron recientemente distintas variables de la economía argentina. Entre ellas, claro, el nivel de reservas con la que cerrará el Central en 2009: u$s 42.000 millones. De esto se desprende que esperan una caída –contra el cierre del 2008– de alrededor de u$s 4.400 millones.
Fuente: El Cronista Comercial









