Román Juárez nació en Salta Capital y es hijo de docentes. Su vínculo con San Antonio de los Cobres viene de varias generaciones: su bisabuelo, oriundo de La Poma, fundó allí la firma Sabino Chocobar y Hijo, y su abuelo continuó con actividades comerciales en la Puna. Estudió Comunicación y, junto a su pareja Ana Laura Ramírez, creó Pacha, emprendimiento familiar que comenzó en la cocina de su casa y hoy produce y comercializa alimentos saludables: barras de cereales, granolas, mezclas de frutos secos y el denominado “saladito”, un snack salado. La constancia y la apuesta a la calidad tuvo recompensa: este año Román y Ana fueron reconocidos con el premio Semilla de Cardón a Jóvenes Empresarios del Año por el crecimiento de su emprendimiento de alimentos naturales. Y ahora representarán a Salta en el certamen nacional organizado por CAME Joven.
En diálogo con Dossierweb, Juárez repasa el camino que llevó a Pacha desde la venta ambulante de barras de cereal hasta su actual etapa como Pyme, con una producción que creció de manera exponencial y nuevos canales vinculados al comercio mayorista y la minería. Analiza la importancia de profesionalizar procesos, trabajar con instituciones como el INTI y el INTA, y aprovechar las oportunidades que genera la compra local. También plantea los desafíos del contexto económico, la presión tributaria y su objetivo de crecer en el mercado regional y nacional, con la mira fronteras afuera.
Especial Dossierweb
Román y Ana convirtieron una pequeña producción familiar en una Pyme con presencia en distintos puntos de Salta.
— ¿Cómo nace Pacha?
— Empieza en la cocina de nuestra casa, con este sueño de ser libres financieramente, económicamente, buscando esa libertad, ese anhelo. Empezamos haciendo 30 barras en un día. Mi mujer producía y yo salía a vender. El primer lugar donde vendía era en la facultad, porque en ese momento todavía cursábamos. Le vendía a mis compañeros, a los docentes y después me fui animando a más. Después nos dimos cuenta de que el producto era acertado, que nos pedían y que había una oportunidad. Ese fue el primer momento en el que empezamos a soñar grande. Creo que todo emprendedor tiene que tener ese anhelo de soñar grande, esa ambición de verse grande en un futuro. Empezamos a hacer rutas de venta. Yo salía de lunes a viernes y recorría distintas oficinas, instituciones públicas y privadas. Fuimos estableciendo rutas y vendiendo.
— ¿Cuándo sentiste que estaban dando un primer gran salto de crecimiento?
— Un amigo que me dijo una frase que no voy a olvidarme nunca: “en la crisis hay gente que llora y hay otros que venden pañuelitos”. A nosotros nos tocó la pandemia, se nos cortó el único canal de venta que teníamos que era la venta presencial. Había mucha incertidumbre por el coronavirus. Entonces se nos ocurrió empezar a hacer exhibidores y dejarlos en distintos puntos, en negocios. Empezamos a buscar negocios que pudieran vender nuestros productos. Esos fueron los primeros puntos de venta. Ahí tuvimos una bisagra en la historia de Pacha, porque pudimos llegar a más clientes, y empezó nuestra formalización.

La profesionalización de los procesos es una de las claves que Juárez identifica para sostener el crecimiento y calidad de la empresa.
— ¿Cómo fue el salto en la capacidad de producción desde aquellos comienzos hasta la actualidad?
— En ese momento hacíamos 30 por día y hoy estamos haciendo 1.200 por día. También ampliamos el catálogo de productos. Antes hacíamos solamente barras de cereal y ahora hacemos también granolas y mix de frutos secos. Otro hito importante fue el canal minero o canal mayoristam, y hoy tenemos cerca de 500 clientes distribuidos en toda la provincia.
— ¿Cómo llegaron al canal mayorista y, particularmente, al sector minero?
— Para mí tiene que ver con dos cosas. Primero, la tendencia al consumo saludable, al consumo nutritivo. Y también con la tendencia al emprendedurismo. En los últimos años hemos visto mucho apoyo a la comunidad emprendedora. La gente empezó a apoyarnos y a elegirnos, no digo solamente por el producto, sino también como emprendedores. Hay una tendencia a elegir productos más artesanales, más naturales, de muchos rubros. Y el canal minero tiene que ver también con esto del compre local. Y además hay una ley de promoción minera, la Ley 8.164, y nosotros también pudimos unirnos a la Cámara de Proveedores de Servicios Mineros y Turísticos de la Puna. San Antonio de los Cobres tiene que ver con mi historia familiar. Mi abuelo y mi bisabuelo tuvieron empresas ahí, son conocidos, nosotros tenemos casa allí y yo también fui a la escuela en la localidad.

De su bisabuelo a su nuestros días, Román hizo pie en San Antonio de los Cobres y hoy es proveedor de empresas mineras
— ¿Esa pertenencia a la Puna también les abrió una puerta a un mercado de mayor volumen?
— Sí, exactamente. Todavía nos seguimos preparando para eso. Yo lo veo como un trampolín para desarrollarme también más allá del mercado minero. Yo quiero desarrollarme a nivel nacional, quiero ser una empresa que pueda competir en las góndolas nacionales y, en el futuro, también me veo exportando nuestra mercadería a otros mercados. Así que estamos aprendiendo, capacitándonos y formalizando.
— ¿Cómo ves hoy el escenario de las Pymes en Salta?
— En nuestro caso personal venimos creciendo, pero para mí es una paradoja porque el escenario que veo es un poco desolador y triste. Nosotros tenemos muchos puntos de venta en la ciudad de Salta, y vemos y nos cuentan cómo cierran locales o que van a cerrar. Y a la par veo cierta estabilidad en cuanto a precios. Nadie se hace loco por aumentar precios porque está fea la venta y, si aumentan, no van a vender. Entonces hago un análisis de los dos lados: de lo negativo y de lo positivo. También soy consciente de que antes de que asumiera (el presidente Javier) Milei veníamos con una inflación del 25% mensual. Sé que cuando uno hace un cambio tan brusco en el Gobierno y en la política económica, la gente sufre y se siente en el bolsillo. La baja de las ventas se siente.

El vínculo con instituciones como el INTI y el INTA acompañó distintas etapas del desarrollo de Pacha.
— ¿Qué valoración hacés como Pyme del sistema tributario?
— Asfixia un montón. En esto de pasar de emprendedor a Pyme siempre te vas enterando de un impuesto nuevo. Cuando vos creés que ya lo sabés todo, aparece otro impuesto que tenés que pagar. Es agobiante. Yo entiendo que los impuestos son para que haya una mejor sociedad, mejores hospitales, mejores universidades. Pero las cargas tienen que ser más livian
as y que esas instituciones realmente puedan responder ante las demandas que tiene la gente: en infraestructura, en rutas. La verdad que no veo reflejado eso. Siento que solamente se benefician algunas personas.









