Secciones

Destacados

Entrevista Dossierweb. Lucía Holzman, de LHAKA: “Una fábrica textil de una comunidad del norte puede producir con los mismos estándares que las grandes empresas”

Compartí esta nota

Lucía Holzman es diseñadora de indumentarias por la UBA, trabajó en textiles reconocidas, hasta que hace un lustro conoció la cooperativa salteña LHAKA. En lengua wichi, Lhaka significa “Nuestro”, un nombre que en su momento fue decisivo para Lucía. Al tiempo, se sumó a la fábrica textil que funciona dentro de una comunidad wichi cerca de Hickman, a 85 Km de Tartagal y que la propia comunidad administra. Hoy es parte del equipo de conducción de la firma, un emprendimiento de triple impacto que nació hace una década, tras el encuentro entre el cacique Dino Salas y Aldo Navilli, el dueño de Molinos Cañuelas. Con base en confecciones de gran calidad, LHAKA Industria Wichi logró instalar su marca en diseños de moda, y convertirse en proveedora de grandes empresas del país. Y al mismo tiempo, sostener un modelo productivo basado en la inclusión social y el desarrollo local, demostrando que es posible fabricar en el interior profundo con estándares industriales de calidad, cumplimiento y competitividad.

En esta entrevista con Dossierweb, Holzman cuenta cómo fue pasar de fabricar  ropa de moda a hacerlo a gran escala para Carrefour, Jumbo, y Edesa como un caso más reciente, todo desde el norte profundo, en una planta textil ubicada dentro de una comunidad wichi. Reconoce los efectos negativos que está teniendo la política económica nacional en la industria textil, alerta con preocupación sobre el aumento de las importaciones y la caída de la demanda, y explica cómo la cooperativa debió redefinir su estrategia comercial para adaptarse al nuevo escenario económico. Cuenta el desafío de expandirse hacia el mercado de uniformes corporativos, destaca las oportunidades que ofrecen la minería y las empresas del norte argentino, y el valor del aprendizaje humano que deja trabajar junto a comunidades que encontraron en la industria textil una verdadera oportunidad de desarrollo.

Especial Dossierweb

Lhaka consolidó un modelo productivo que combina competitividad industrial con generación de empleo en comunidades del norte salteño

— ¿Cómo nace Lhaka y cuál fue el objetivo inicial del proyecto?

Lhaka nació hace alrededor de diez años como un proyecto social que buscaba generar oportunidades de trabajo en comunidades wichi del norte salteño. Primero hubo todo un trabajo social, en educación, nutrición, hubo pruebas y error con otros modelos productivos, hasta que apareció lo textil. La idea era crear empleo genuino, formando personas que no tenían experiencia previa y desarrollando una actividad productiva que pudiera sostenerse en el tiempo. Con el paso de los años el proyecto fue creciendo, mejorando, incorporando tecnología, capacitación y nuevos clientes, hasta transformarse en una empresa que sostienen unas 60 personas de la comunidad y puede competir con proveedores de todo el país. Fue muy gradual incorporar procesos industriales y aprender a cumplir con los estándares que exigen las grandes empresas. Después llegó el desafío de sostener la calidad, respetar los tiempos de entrega y ganar confianza. Llevó muchos años de trabajo, pero hoy podemos decir que contamos con un equipo muy consolidado y con procesos que nos permiten responder a clientes muy importantes.

— ¿Cómo es producir para empresas como Carrefour y Jumbo desde una cooperativa dentro de una comunidad wichi?

Significa trabajar con niveles muy altos de exigencia. Sabíamos que el proyecto social era un valor agregado, pero entendíamos que primero debíamos demostrar que podíamos competir por calidad, cumplimiento y precio. En la zona hay muchas necesidades y por esto mismo teníamos necesidad de crecer. Y apareció Jumbo que nos pidió 5000 prendas para vender en sus góndolas, que para nosotros en ese momento era un montón. Fue organizar la logística, cargar palet, todo. Fue muy emocionante. Buscábamos hipermercados para producir a gran escala. También se sumó Carrefour, Walmart, que tienen estándares muy exigentes y controles permanentes. Haber podido responder a esas exigencias fue un paso muy importante para nosotros porque después abrió muchas otras puertas. En algunos casos producimos para la marca propia y en otros bajo distintas etiquetas. Con Jumbo, por ejemplo, estamos trabajando con la marca Lhaka y eso también nos permitió empezar a mostrar más nuestra identidad como empresa y contar la historia que hay detrás del proyecto.

La cooperativa diversificó su actividad y desde hace dos años compite en el rubro de uniformes corporativos para grandes compañías

— Hoy Lhaka fabrica no solo indumentaria casual o de moda, sino también uniformes corporativos. ¿Cómo surgió y cómo están hoy?

Empezó hace aproximadamente dos años. Seguíamos trabajando con Carrefour, pero entendimos que el contexto del sector textil nos obligaba a diversificar. Así comenzamos con la línea de ropa de trabajo y uniformes. El primer cliente importante fue Molinos Cañuelas. Era un pedido muy grande, pero nosotros ya veníamos acostumbrados a producir volúmenes importantes para Carrefour, de alrededor de 10.000 prendas por temporada, con estándares muy altos de calidad y tiempos de entrega. Eso hizo que pudiéramos responder sin inconvenientes y, a partir de ahí, comenzaron a aparecer nuevos clientes. Llegaron EDESA, Inversora Juramento, Huayra Servicios, Fortis, Siwok, Almar, Costumbres Argentinas, La Tienda, Pizza Alla Pala, empresas de Salta. También trabajamos para Supermercados Día, donde confeccionamos prendas para el personal. Es una unidad de negocio relativamente nueva, así que seguimos buscando clientes y abriéndonos camino. Lo bueno es que toda la experiencia adquirida con grandes cadenas nacionales hoy nos permite ofrecer el mismo nivel de calidad para cualquier empresa que necesite uniformes.

— ¿Cómo están atravesando este presente económico?

La realidad es que estamos sobreviviendo. Es una palabra fuerte, pero refleja bastante lo que sucede. La apertura de las importaciones hizo que muchos clientes nos dijeran directamente que les resulta más conveniente comprar en el exterior. Nosotros entendemos esa realidad y por eso tuvimos que replantear nuestra estrategia comercial. Durante muchos años nos enfocamos exclusivamente en competir por calidad, cumplimiento y servicio. Seguimos creyendo en eso, pero hoy también entendemos que el valor social de Lhaka es algo que debemos comunicar mucho más.

Holzman sostiene que el principal diferencial de Lhaka es ofrecer calidad industrial junto con un fuerte impacto social

— ¿Ese componente social comenzó a transformarse también en un diferencial comercial?

Sí. Antes casi no hablábamos de eso. Nuestro objetivo era que el cliente eligiera nuestro producto porque era bueno. Pero hoy también empezamos a contar la historia que hay detrás del proyecto. Muchas empresas quieren conocer cómo una comunidad del norte salteño, que hace algunos años atravesaba una situación muy difícil, logró convertirse en una fábrica competitiva que produce para grandes compañías nacionales. Hay organizaciones que valoran muchísimo esa historia y ese impacto social, así que también empezamos a mostrar esa parte del proyecto. Y toda esta historia demuestra que una fábrica textil de una comunidad del norte puede producir con los mismos estándares que las grandes empresas.

— ¿También tuvieron que modificar la forma de trabajar comercialmente?

Totalmente. Antes nuestra prioridad eran los grandes clientes y los pedidos de miles de prendas. Hoy la realidad cambió. Por ejemplo, Carrefour redujo significativamente los volúmenes porque tiene mucho stock y menores ventas. Entonces comenzamos a aceptar pedidos más pequeños. Antes quizás una empresa que necesitaba cien uniformes no era un cliente al que apuntábamos. Hoy sí, porque entendemos que el contexto exige ser mucho más flexibles y adaptarse rápidamente a los cambios.

La apertura de las importaciones obligó a la textil a redefinir su estrategia comercial y ampliar su cartera de clientes

— ¿Cómo describís hoy el momento que atraviesa la industria textil argentina?

Es un momento complejo. Nosotros estamos en contacto permanente con otras empresas del sector, incluso con algunas que podrían considerarse competencia, pero con las que mantenemos una excelente relación porque siempre es importante compartir experiencias y ayudarnos. Todos coinciden en un diagnóstico parecido: hay menos pedidos, las empresas compran con mucha más cautela, buscan nuevos proveedores y comparan mucho más los precios. Es una realidad que atraviesa a todo el sector.

— En ese escenario, ¿dónde ven hoy las principales oportunidades?

Una oportunidad importante está en las empresas del norte argentino. Muchas compañías, especialmente vinculadas a la minería y a otros sectores productivos, comenzaron a priorizar las compras locales. Ya trabajamos con algunas y queremos seguir creciendo ahí. Además hay una ventaja logística muy importante: producir en Salta y abastecer empresas de la región permite responder mucho más rápido y generar un vínculo cercano con los clientes. Eso también agrega valor.

+ LEÍDAS