La presidenta de la empresa, Isela Costantini, se reunió con los gremios hoy a la mañana; les dijo que pretende llegar al equilibrio en cuatro años.
Camina con pie de plomo, tanto que pocas horas después de reunirse con el presidente Mauricio Macri, la número uno de Aerolíneas Argentinas, Isela Costantini, llamó a los principales gremios para ponerlos al corriente de las negociaciones sobre el futuro de la empresa.
Los sindicalistas se llevaron el mensaje: en 20 días habrá otro encuentro en la Casa Rosada y donde se presentará al Presidente el verdadero plan para lleva a la compañía al equilibrio en cuatro años.
Ayer, Costantini informó al Poder Ejecutivo cuál era el estado de situación de la compañía. “Le llevó los análisis clínicos de Aerolíneas. Ahora falta llevar los tratamientos y ver cuál es el que elige el Presidente”, graficó una fuente que vio a la ejecutiva horas después de aquella reunión.
“Nos pidió que todos aportemos ideas y soluciones que se puedan implementar en el corto plazo. Hay medidas que pueden aportar ahorro en el mediano y largo plazo, pero hay muchas que lo pueden hacer durante este año. Y esas soluciones debemos aportarlas todos”, dijo Ricardo Cicielli, secretario general de la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA), luego de una reunión a solas con la ejecutiva.
Según contaron varias fuentes, Costantini quiere generar un proceso mediante el cuál cada área aporte ideas para intentar reducir los costos, y si bien desde la cúpula de la empresa se pueden escribir los grandes trazos, sabe perfectamente que también hay mucho por hacer en los pliegues de la compañía. El pedido fue hacer propuestas concretas, convocar a la gente y buscar remedios que puedan tener soluciones rápidas. “Cada área sabe mejor que nadie qué gastos se pueden eliminar”, dijo otra fuente que estuvo al tanto de las reuniones.
Mucho se habló de los leasing de los aviones, del tipo de flota y de las aeronaves que vuelan cada uno de los destinos. Costantini sabe que la operación no es eficiente. Por caso, explicaba una fuente, se vuela a Europa con un avión de cuatro motores (Airbus 340) lo que torna ineficiente la ruta. Otro de los temas sobre los que hay opiniones diversas es sobre la flota de 22 Embraer que compró la anterior administración. “Son chicos para ser grandes y grandes para ser chicos. Son excelentes aviones pero para otros países que tienen trayectos más cortos. Acá, mientras más vuelan, más pierden”, dijo un experimentado piloto. Desde darlos de baja y reemplazarlos hasta asignarlos a otras rutas, todo puede pasar con estos aviones brasileños.
También se trabajará mucho en los contratos de leasing. Todo se puede renegociar aunque nada está exento de gastos. Hay quienes dicen que debería devolverse aeronaves que no vuelan lo que podrían pero hay otros que contestan que al devolver un avión hay que realizar grandes gastos para dejarlo en las condiciones que se recibió y que en algunos casos hasta se debe cancelar la totalidad de los compromisos. Además surge el interrogante sobre el personal que está afectado a la operación del avión.
Parar los aviones tampoco es ninguna solución. En este esquema de engranajes conjuntos que es la empresa, dejar en tierra una aeronave también genera desajustes por otro lado. Los costos de parar las aeronaves para mantenerlas a punto son grandes.
Serán 20 días de espera y ansiedad. Y luego, al menos cuatro años de trabajo duro.
Fuente: La Nación









