Si la crisis no trajo oportunidades de negocio, al menos les dio la posibilidad a muchas marcas de reflotar una pícara estrategia de ventas: achicar el tamaño de sus productos manteniendo el precio, tal como sucediera durante la crisis de 2002. «Se trata de un engaño a los consumidores, que esconde una inflación encubierta. Las marcas se aprovechan de la lealtad de sus clientes para poner en práctica estos métodos abusivos», dijo a este diario Susana Andrada, presidenta del Centro de Educación al Consumidor. «Puede que en parte lo hagan porque la Secretaría de Comercio Interior las obligue a mantener sus precios, pero también porque saben que si los aumentan habrá muchos clientes que dejarán de consumirlos».
Esto es posible porque la Argentina no cuenta con un marco regulatorio como el de Europa, donde las empresas están obligadas a informar en las etiquetas si hubo alguna modificación en el contenido de sus envases, asegura la defensora del consumidor.
Sin embargo, también es cierto que las empresas con esta política en muchos casos les permiten a los consumidores seguir comprando sus productos, que en el caso de mantener los tamaños y pesos originales, podrían quedar fuera de sus posibilidades.
Donde más se nota la reducción de tamaños es en el sector de perfumería. Por ejemplo, Dove redujo 10 gramos del peso de sus jabones de tocador y 5 gramos el de sus desodorantes roll on. Su rival Veritas hizo lo suyo achicando más de un 30% el tamaño de sus talcos y desodorantes. Un clásico en este sector es el de los papeles higiénicos, que aprovechan cada crisis para acortar el metraje de los rollos.
Desde una de las empresas que comercializa artículos de perfumería justifican la estrategia en el aumento de costos. «Las materias primas con las que elaboramos nuestros productos se encarecieron en los últimos meses, pero si subimos los precios quedamos fuera del mercado porque nuestra competencia los mantiene haciendo lo mismo», se excusaron desde el área de marketing de un fabricante.
Otro cambio notable a simple vista es el tamaño de los productos de limpieza; es el caso del brillo plastificado de Blem que ahora viene con un 10% menos de contenido, o el del jabón Ala que trae un 20% menos.
El caso más preocupante es el de los alimentos. Curiosamente, donde más se nota el «efecto reducción» es en los productos con el rótulo de «light» o «diet». Es el caso de barritas de cereal, edulcorantes y las galletitas Express Light, que ahora son un 10% «mas livianas».
Y si de darse gustos se trata, habrá que tener en cuenta que los postrecitos como el Danette se achicaron 5 gramos, los helados Chomp de Frigor vienen casi un 35% más pequeños, las clásicas galletitas Variedad de Terrabusi con cien gramos menos (el paquete, que antes era de 400 g, ahora es de 300 g), y los yogures para niños Danonino son tan pequeños que se pueden comer en dos cucharadas.
Otras marcas, en cambio, optaron por otro camino y ofrecen versiones más pequeñas de sus productos, que cuestan menos, sin discontinuar los tamaños originales. Es el caso del café La Virginia que ofrece un paquete más pequeño (125 g) o el del jabón en polvo Ace, disponible en bolsas de varios tamaños, estrategia a la que adhiere también el detergente Magistral.









