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Franco Brunetti, el empresario que vio en Salta un proyecto de vida y desarrollo

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La muerte de Franco Brunetti cierra una historia marcada por la iniciativa personal, la intuición productiva y una convicción poco frecuente: que el crecimiento económico solo tiene sentido si va acompañado de oportunidades para los demás.

Tenía 76 años y seguía en actividad, involucrado en un sector que conocía desde joven y al que dedicó toda su vida. Había nacido en la provincia de Buenos Aires, en el partido de Almirante Brown, dentro de una familia de trabajo donde el esfuerzo cotidiano no era una opción, sino una forma de vida. De ese origen heredó una manera directa de vincularse con el mundo: sin rodeos, con decisión y con una confianza firme en la cultura del trabajo.

Su ingreso al negocio cárnico fue temprano y definitivo. Aún adolescente comenzó a abrirse camino por cuenta propia y rápidamente encontró su lugar en el circuito comercial de la carne, donde supo crecer con rapidez. Ese aprendizaje inicial, forjado en un contexto competitivo, terminó moldeando el perfil empresarial que lo acompañaría durante décadas.

El traslado a Salta, a comienzos de los años 80, fue una decisión que marcaría su destino. Llegó en un momento en que la provincia ofrecía más interrogantes que certezas en materia productiva, pero eligió verla como una oportunidad. A partir de allí, su nombre quedó ligado al desarrollo del sector cárnico local y a una etapa de transformación más amplia del agro.

No se limitó a sostener una empresa: promovió cambios. Apostó por mejorar la calidad del rodeo, por modernizar procesos y por pensar la producción con estándares que permitieran competir más allá de los límites regionales. Con el tiempo, muchas de esas ideas, que en su momento podían parecer arriesgadas, se volvieron parte del sentido común productivo.

Quienes compartieron su recorrido destacan no solo su capacidad para los negocios, sino también su forma de entender el rol del empresario. Brunetti solía insistir en que la actividad no debía perder de vista a las personas. Esa mirada se tradujo en decisiones concretas, algunas incluso poco habituales para el sector, como generar espacios laborales que ampliaran oportunidades.

Su personalidad también dejó huella: era expresivo, frontal y poco afecto a los discursos complacientes. Prefería el intercambio directo, incluso cuando implicaba incomodar. En esa actitud había una idea de fondo: que los problemas del sector y del país debían discutirse sin eufemismos.

A lo largo de los años, atravesó contextos económicos cambiantes, crisis y etapas de expansión, pero mantuvo una línea constante: sostener la actividad, adaptarse y seguir proyectando. Incluso en la madurez, lejos de retirarse, continuaba involucrado en el día a día, con la misma lógica de quien todavía tiene planes por delante.

Su fallecimiento se produjo a raíz de un siniestro vial ocurrido el martes por la noche en la Ruta Provincial 60, en la provincia de Buenos Aires. Viajaba acompañado por el ingeniero agrónomo Emilio David Mirse, de 41 años, quien también perdió la vida en el hecho. La camioneta en la que se trasladaban volcó por causas que aún se investigan.

Su figura queda asociada a una etapa de impulso y transformación. En Salta, donde decidió radicarse y construir su proyecto, deja una marca que trasciende lo empresarial: la de alguien que apostó, insistió y sostuvo una idea de desarrollo cuando todavía no era evidente.

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