Jerónimo Torino es ingeniero industrial formado en la Universidad Católica Argentina, con estudios complementarios en la New York University y especialización en la Universidad Católica de Murcia. Pertenece a una familia tradicionalmente vinculada a la producción agropecuaria en Salta y desde hace más de una década conduce el frigorífico La Florida, una empresa integrada al grupo familiar que combina producción ganadera, faena y comercialización de carne. Desde ese rol participa en un modelo productivo que abarca campos en el Valle de Lerma y en la zona de Güemes, además de una red comercial de carnicerías y distribución dentro de la provincia.
En esta entrevista con Dossierweb, Torino analiza el fuerte aumento del precio de la carne vacuna, la caída del consumo interno y la creciente apertura de mercados internacionales. También se refiere l al impacto de la exportación en la estructura del negocio ganadero, a la competencia con otras proteínas como el cerdo y el pollo, y a los desafíos productivos que enfrenta el sector. En ese contexto, advierte sobre la presión impositiva, las distorsiones del mercado y las dificultades que enfrentan los frigoríficos privados para competir en un sistema donde conviven diferentes reglas para la actividad.
Especial Dossierweb

Torino destaca cómo La Florida llega a más bocas de expendio, aunque reconoce que la presión fiscal es alta
— Hoy estamos viendo un precio de la carne con un alza récord en el último tiempo. ¿Cómo está impactando este movimiento en ustedes y en el sector?
— La realidad es que el negocio de la carne toda la vida se manejó por oferta y demanda. El mercado siempre fue muy transparente. Nosotros tenemos como referencia del mercado de Cañuelas que marca todos los días los mínimos, máximos y precios promedio de las distintas categorías de animales. Eso va marcando el ritmo de los precios en todo el país. El precio de la carne, en relación al dólar, nunca estuvo tan alto. Yo recuerdo que mi padre me decía cuando era chico que vendía un animal para llenar el tanque de una camioneta. Hoy con la venta de un animal podés llenar cuatro o cinco tanques. Hoy la carne se está pagando lo que realmente vale. La realidad es que producir carne vacuna no es soplar y hacer botella ni es como la producción de pollos o cerdos. La producción de carne vacuna requiere muchas hectáreas, mucha mano de obra directa e indirecta, no hay feriados. Es un negocio muy sacrificado y hoy se está pagando lo que realmente vale producirlo.
— ¿Cómo se equilibra o cómo se entiende está alza de la carne con la caída del consumo interno?
— Es cierto que bajó el consumo de carne vacuna en Argentina debido a la suba de precios y a que los sueldos no acompañaron este aumento del precio. Durante 2025 la carne subió alrededor de un 80% y la inflación no estuvo ni por la mitad de ese valor, y los sueldos no crecieron en esa proporción. Es lógico que baje el consumo de la carne, no así el del pollo y del cerdo que está bastante estable. Pero a nosotros como productores ganaderos, se nos están abriendo nuevos mercados internacionales para salir al mundo que absorben parte de esa producción.

La Florida espera tener un mejor año, impulsado por un reacomodamiento del sector
— ¿La exportación pasa a ser entonces un factor clave?
— Exactamente. Hoy el productor tiene la opción de vender un novillo para el mercado interno o llevarlo a mayor peso y venderlo para exportación. Además se ampliaron cuotas para mercados como Estados Unidos, lo que abre nuevas oportunidades. El mundo demanda carne y Argentina tiene ventajas naturales para producirla. Se cuadruplicó la cuota de ingreso de carne para Estados Unidos, y además les pusieron aranceles a Brasil, Australia, y a Argentina le liberaron.
— ¿Qué impacto pueden tener las decisiones comerciales los presidentes Donald Trump y Javier Milei, y no de los Congresos? Lo que lo hace un acuerdo de presidentes y no de países.
— En Estados Unidos cayó la producción de carne vacuna, y Trump está cambiando la mentalidad del consumo. La proteína animal es un gran nicho dentro de lo que demanda ese mercado. La carne vacuna entra en ese esquema. Y comienzan a abrir las puertas de ese mercado a Argentina, por ejemplo. Y además hay factores como el Mundial que van a generar mayor demanda. Hoy incluso aparecen nuevos formatos de comercialización, como envíos directos de cortes en avión para restaurantes específicos en ciudades como Miami.
— ¿Cómo cambia eso la dinámica del negocio?
— Cambia mucho. El frigorífico exportador sabe llenar contenedores y barcos, y exportar. Pero hoy el mercado está demandando cajas de cortes específicos para que lleguen en pocas horas a un restaurante de Miami. El comercio internacional está cambiando y se está volviendo más directo. Así como compramos cosas al exterior y nos llegan a nuestras casas en 20 días, lo de afuera están comprando nuestros productos como la carne.

La carne vacuna llegó a alzas récord y se espera para este año nuevas subas
— En ese contexto, ¿cómo compiten el pollo y el cerdo en el mercado?
— Nosotros también producimos cerdo y elaboramos chacinados, así que conocemos bien ese mercado. Cuando sube la carne vacuna, el consumidor se vuelca al cerdo y al pollo, pero a la larga los precios de esas proteínas también terminan acompañando porque aumenta la demanda. No son sustitutos pero se complementan. Y los costos son muy distintos. Producir un kilo de pollo no tiene comparación con los costos de producir un kilo de carne vacuna. Pero como esto es oferta y demanda, cuando hay demanda de cerdo y pollo y hay faltantes, empiezan a acompañar el precio de la carne.
— Argentina sigue siendo un país muy consumidor de carne vacuna.
— Totalmente. Aunque haya bajado el consumo per cápita, sigue siendo uno de los más altos del mundo. Culturalmente estamos acostumbrados a consumir carne vacuna. El mundo consume cerdo y consume pollo, pero nosotros consumimos vacuna. La diferencia es enorme en los costos de producción de cerdo y de vacuno.

Torino describe al Estado provincial y nacional como “el grand socio”, por la gran cantidad de tributos que pagan
— ¿Cómo ves el escenario hacia adelante?
— Creo que ahora, con estos precios y con mejores perspectivas de mercado, van a aparecer nuevos jugadores, nuevos productores, que se habían volcado a la soja y se animen a volver a invertir en ganadería. No va a ser de la noche a la mañana, porque lleva su tiempo. Durante muchos años el negocio estaba planchado y mucha gente se pasó a la soja o al maíz. Ahora puede haber un regreso a la producción ganadera, pero no va a ser inmediato porque la ganadería tiene tiempos biológicos que no se pueden acelerar de un día para el otro.
— ¿Cómo está el sector en materia fiscal? Es un reclamo común de varios sectores.
— Nuestro gran socio en este negocio es el Estado provincial y nacional, por la cantidad de impuestos que pagamos a lo largo de toda la cadena. Hay impuestos provinciales, nacionales y una carga administrativa muy grande. Nosotros tenemos que dedicar muchísimo tiempo a cuestiones impositivas y regulatorias. Salta tiene una alícuota de Ingresos Brutos de 5% en la facturación, y eso en cada boca como son las carnicerías es un montón de plata que se lleva Provincia. Y en la carne tenemos una alícuota del 10,5% y compramos del 21%. Hay un gran desfasaje con ese IVA, lo que hace que estemos financiando al fisco todos los años. La presión es altísima. Es una presión muy alta para una actividad que ya de por sí tiene muchos riesgos productivos. El Frigorífico Brunetti cerró y se llevó toda la faena a Tucumán, porque ahí son cooperativas, y los que no están faenando en Salta es porque no les conviene.








