Apasionado por las políticas públicas, la comunicación y la energía transformadora de la conciencia, Federico Posadas combina su gestión como ministro de Cultura y Turismo de Jujuy desde hace 7 años -bajo el mandato de dos gobernadores-, con una mirada holística sobre la política y el desarrollo. Cumplió la misma función en Salta entre 2008 y 2011, no oculta su pasión por la investigación en opinión pública, y con esa amplitud de perspectiva plantea que el turismo es un camino de identidad y transformación colectiva al que Jujuy apuesta para sortear los desafíos macroeconómicos. Y lo va logrando. Los números que ostenta Jujuy en turismo son significativos: tiene una tasa de ocupación por encima de la media nacional, incrementó el pernocte, y logró aumentar el empleo en el sector turístico.
En este diálogo a fondo con Dossierweb, Posadas revela por qué el crecimiento turístico de Jujuy reconfiguró al norte argentino como destino internacional, destaca la diversificación de la oferta que se hizo superando la concentración que tenían con la Quebrada de Humahuaca, y pone de relieve que la creación de nuevos productos de naturaleza, la expansión de la viticultura de altura, la consolidación del turismo rural comunitario y la inversión en infraestructura. Dice que hoy Jujuy se consolidó como un destino de calidad sin dependencias de otros destinos, señala que es una de las provincias en la que más creció el turismo, y cuestiona que se le pida a la industria turística argentina que sea competitiva con un tipo de cambio poco competitivo.
Especial Dossierweb

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— ¿Cómo fue el proceso de reconfiguración del destino Jujuy hasta hoy donde se posicionó como uno de los líderes en Argentina y en la región?
— Jujuy siempre tuvo un potencial enorme, pero que fruto de los conflictos políticos y de la falta de políticas públicas turísticas, estaba detonada por la presencia de un Estado paralelo, la falta de gobernabilidad social, política y económica, y eso minaba la posibilidad del desarrollo turístico. En términos de cultura, es la provincia argentina más andina y eso es su principal valor agregado. Primero fue ordenarla, lograr la paz social, y a partir de ahí una política de promoción, de inversión en infraestructura, de generación de un clima de inversiones para que el sector se anime de nuevo a invertir en hoteles, en gastronomía, en todo lo que tiene que ver con la cadena de valor turística. Y fue un proceso que comenzó antes de la pandemia, pero para mí explotó después de la pandemia. En el 2017, más allá de que veníamos con buenas campañas, teníamos aeropuerto nuevo, arrancamos con el tren solar, y que empezamos a aparecer como destino en la cabeza de los consumidores, no lográbamos atraer inversores de Jujuy o de afuera en turismo. Era un esfuerzo muy grande del sector público. Pero a partir de la pandemia, empezamos a ver inversiones en hoteles chiquititos, medianos, grandes, de una a cinco estrellas superiores. Vino una avalancha de inversión turística que fue la que, junto con la inversión pública, reconfiguró y cambió la fisonomía de Jujuy, con más hoteles boutique, más perspectivas en Yungas, líder en gastronomía, la misma ciudad de San Salvador, la Puna con la red de turismo rural comunitario. Y nos pusimos de moda después de la pandemia.

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— La circunstancia de la pandemia los potenció como destino emergente.
— El mercado argentino es muy desafiante, porque siempre está mirando afuera, y una mayoría del perfil de clase media, media alta, de la Argentina, por ahí te conoce Estados Unidos, Europa y no conoce más que tres provincias argentinas. Y la pandemia fue una oportunidad porque nos obligó a mirar para adentro, y ahí apareció Jujuy. Y los números fueron muy contundentes: pasamos de 900.000 turistas a 1.500.000; triplicamos el pernocte de 1,2 noches a más de 3 noches en promedio de estadía; pasamos del 5% del Producto Bruto al 9%; de 18.000 a 28.000 puestos de trabajo, pero sobre todo, cambiamos la imagen de un destino en los últimos 10 años. No tengo números de otras provincias, pero debemos ser o estar entre las provincias que más creció en los últimos años. Hoy Jujuy aparece en la cabeza de la gente como un destino de calidad, que ya existe en sí mismo, y no es subproducto de otras provincias o de una región.
— ¿Cómo fue el proceso de trabajar y posicionar nuevos productos, nuevos atractivos y experiencias?
— Fue un cambio cultural fuerte. Había comunidades que veían al turismo como una amenaza, y fue un proceso de búsqueda, de consenso, de mostrar experiencias exitosas con algunas comunidades que ya se habían abierto. Pasamos de 15 comunidades a 60 que sumaron actividad turística. Ahora se dan cuenta de que el turismo no solo mejora la calidad de vida, sino que potencia su cultura, porque la gente que los visita va por su identidad y potencia esa singularidad. Y a partir de ahí surgen más demandas, más caminos, más productos y más promoción. Y este apoyo al turismo rural comunitario y al turismo activo en las Yungas, logró descentralizar el turismo tradicional de Jujuy, que estaba solamente concentrado en la Quebrada. A pesar de que la Quebrada también creció, pasamos de una participación del 80% del turismo en la Quebrada a un 60% del turismo en la Quebrada, y crecimos en el resto de la provincia que hoy representa más del 40% del turismo de todo Jujuy, con tendencia a seguir creciendo.

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— Diversificaron las propuestas, sumando verde, que antes no era una opción.
— La naturaleza en la zona de las Yungas es un punto alto. Fuimos creando el Parque Provincial Potreros de Yala, y armando todo un circuito hasta el Parque Nacional Calilegua, el posicionamiento de San Francisco, el corredor con una ruta nueva que conecta Humahuaca con el Parque Nacional Calilegua. Todo esto generó nuevos productos que diversificaron el destino y sumaron nuevos actores en una provincia que venía golpeada. En la época de Milagro Salas cerraron no menos de 4 hoteles en la capital y el turismo era una mala palabra. Logramos generar un nuevo clima de inversiones al día de hoy, con un (Javier) Milei que redujo el tamaño de la torta, y con un tipo de cambio que nos hace menos competitivos, sigue habiendo un clima de época en el que la gente sigue invirtiendo en turismo, entendiendo que tenemos potencial en los próximos años, independientemente de los ciclos económicos de la Argentina, y donde el turismo va a ser un actor clave.
— La ruta del vino es otro producto que está en crecimiento y que hoy empieza a ser un nuevo atractivo, ¿cómo se fue dando?
— Sí, es otro fenómeno. Cuando llegamos al Ministerio en 2017 eran 3 bodegas, y ahora son 20 bodegas enoturísticas, son más pero con apertura al turismo son 20 bodegas, 15 en la Quebrada y 5 en los valles templados. Y se mejoraba, y sin los valles templados. Además, te posiciona el destino desde otro lugar, da sensación de calidad. Un destino que puede hacer buenos vinos, da buenos servicios. El turismo del vino te atrae otro público, que gasta más. Además, atrae brasileños, mucha gente de Buenos Aires, turismo internacional. Fue y es un caballito de batalla que nos permitió también subir un escalón más en términos de posicionamiento y de calidad. Y tiene un potencial enorme porque a pesar de que son bodegas chicas de no más de 5, 6 hectáreas, tienen mucho impacto porque vieron que no sólo es producir sino atender al turista, darle de comer, hacer una visita guiada. Y eso duplica la ecuación económica de estas bodegas chicas. El posicionamiento que viene teniendo estas bodegas y el enoturismo ya nos ubica en el mapa en términos turísticos.

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— ¿Cómo ves este año que termina para el sector turístico en el país?
— Las provincias y los destinos turísticos locales somos sobrevivientes de los vaivenes de la macroeconomía nacional. Nos quejábamos del flujo inflacionario de los últimos años, porque no te daba previsibilidad, tarifa, era muy difícil planificar. Y ahora tenemos la recesión y el tipo de cambio atrasado. Ahora tenemos crédito, podemos planificar, pero hay muy pocos pesos dando vuelta en el mercado, y los pocos que hay por ahí se van afuera, porque es más barato viajar a Brasil que viajar al interior del país. Entonces, es desafiante. Presentamos el Plan Estratégico 2035, pensado en términos de producto, de calidad, y tratar de salirnos de la variable ‘precio’, que es la que obviamente determina muchas veces la decisión de un viaje, pero deja de ser sostenible si vos no desarrollás un servicio bueno. Que te elijan por precio, es bueno a corto plazo, pero si te elijen porque diste calidad, buen servicio, experiencia y sentido de identidad dentro de un destino único, eso te posiciona en otro lugar como destino.
— Ante este escenario ¿cuál es la clave?, ¿la eficiencia, ser sostenibles en términos de gestión?
— Argentina va a seguir siendo cíclica unos 5 años más, y si sigue Milei, va a ser una lógica poco competitiva en términos de tipo de cambio, y al mismo tiempo estable. Y si cambiamos de color político, vamos a ser más inflacionarios y apuntando más al mercado interno. Por eso el desafío es crear un producto de calidad, independientemente de los vaivenes macroeconómicos de la Argentina, como viene haciendo Jujuy, porque eso te da sostenibilidad. Somos de las provincias que más ocupación tiene, a pesar de la caída de la demanda nacional. Estamos un 30% por encima de las provincias vecinas. Tenemos buena tarifa, no ha cerrado ningún hotel ni se han perdido puestos de trabajo, en un contexto donde están cerrando hoteles, restaurantes. Toda la cadena de valor turístico está ajustándose a un nuevo patrón económico, porque Argentina está mucho más abierta al mundo y tenemos que competir con otros mercados. Entonces, es ajustar precios, eficientizar la gestión, y ser competitivos con este tipo de cambio no tan competitivo.









