Si bien este año, cayó la producción de vinos, en la última década, creció la de espumantes fraccionados y se duplicó la cantidad de bodegas dedicadas al segmento. Las oportunidades para los pymes.
Entre 2005 y 2013, el volumen de vino espumante fraccionado y la cifra de bodegas fraccionadoras creció. En el primer caso, pasó de 22 millones a 43 millones de litros, mientras que, de las 61 bodegas fraccionadoras de espumantes en 2005, el sector registró, 127 el año pasado, según un informe del Observatorio Vitivinícola Argentino.
“En el país, los espumantes son una tendencia que crece. Es donde se muestran los números más dinámicos de producción y consumo. Fuera de Europa, el nuestro es el principal productor y consumidor de burbujas medido per cápita”, afirman organizadores de Sparkling Wines, la feria de vinos espumantes que se realizó la semana pasada.
Cambió el mapa de producción. A Mendoza y San Juan, se sumaron otros rincones. “Hay, al menos, una bodega elaboradora de burbujas por provincia productora, con casos como Salta, que en una década pasó de una a seis”, agregan.
Un caso es Amalaya, que acaba de lanzar su primer espumoso pero también Finca Quara y El Esteco. Ya hay bodegas de espumantes en Entre Ríos, La Rioja y La Pampa.
Una de las pymes que supo capitalizar este momento es la bodega Casarena. Fundada en 2006, emplea a 25 personas y produce 800.000 litros anuales de vino embotellado. “El 70% se exporta”, afirma Martín Pérez Cambet, de la bodega, que llega a países como los Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Hong Kong, Austria, México y Brasil.
Las burbujas made in Argentina se exportan a 80 mercados.
Fuente: Cronista.com









