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Faltan dólares, y el blanqueo viene escaso

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El megablanqueo de capitales puede ser, para algunos amigos del poder a tiro de denuncias, esa “oportunidad extraordinaria” de la que habló el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray. Quizás dudosa, la posibilidad de comprarle un departamento al hijo y dejar contenta incluso a la mismísima suegra, como alentó Guillermo Moreno en un programa de la tevé oficial.

Pero otra cosa es que la medida vaya a reportar la cosecha de dólares esperada por los funcionarios, al menos según la opinión de varios especialistas: US$ 2.000 millones es la hipótesis cautelosa que maneja uno de ellos. “Ayuda en el margen, pero no mueve el amperímetro ”, afirma.

Igual a quien busca salir del foco de sospechas, Fabián de Souza, socio de Cristóbal López, dijo el sábado pasado: “No somos blanqueadores de dinero, porque no tenemos plata en negro. Somos un grupo invirtiendo en la Argentina desde hace 30 años”.

López es un empresario que, efectivamente, existe antes de los Kirchner, aunque amasó una enorme fortuna durante la era K con el negocio del juego. Evidente, la aspiración de De Souza es que no se le enturbie la compra del 51% de las acciones de Petrobras Argentina, cuando dentro del gobierno de Dilma Rousseff sobrevive la desconfianza.

Sin embargo, nada casual fue que hubiese mentado las palabras “plata en negro”, porque cuesta limpiar del blanqueo a las maniobras con el lavado de dinero.

También subsisten ciertas dudas sobre lo que pueda pasar con los certificados para comprar viviendas e invertir en construcciones. Se trata de los Cedines, que según el proyecto oficial podrán ser convertidos en dólares apenas concretada la operación o avanzada la obra.

Habrá un mercado secundario donde transar con esos papeles. Y aquí mismo salta una pregunta inquietante entre los mal pensados de siempre: ¿circularán Cedines sin respaldo del Banco Central?

Cerca de Mercedes Marcó del Pont, la jefa de la entidad, dicen que ella jamás convalidaría una movida semejante. Y un poco más abajo, en la línea, aseguran que tampoco se comprometerán. Todo de este mundo sembrado de zonas grises, en el que crece el temor de los funcionarios a quedar pegados por decisiones que luego pueden terminar en la Justicia.

Los nuevos títulos van a ser imprimidos en la Casa de Moneda, ya atorada porque en 2013 sacará el doble de billetes que durante 2012. Comentario de ese circuito: “Si ahora no dan abasto, peor será con los Cedines. Encima, ruedan otras versiones que sacuden a los directivos”.

Pero, se sabe, Moreno siempre pecha para adelante, contra vientos y mareas. Y más cuando ha asumido definitivamente el papel de líder del equipo económico.

El problema no es sólo una orquesta que desafina. Lo que de verdad tiene muy preocupada a la Presidenta es la pérdida de reservas: alrededor de 4.440 millones de dólares en lo que va del año, pese al cepo cambiario, al freno de las importaciones y a toda la batería de controles.

Serían arriba de 6.000 millones al cabo de 2013. Y nada menos que 15.000 millones desde el pico de julio de 2011. Evidentemente, a Cristina Kirchner no le faltan razones para andar inquieta y las alimenta, todos los días, con los informes que le manda Marcó del Pont.

También puede ver que a cada decisión de Moreno o Echegaray le sucede un goteo de divisas. En los días que siguieron al anuncio del blanqueo, salieron 200 millones por depósitos en moneda extranjera: todo o casi todo de empresas, aunque estén rigurosamente vigiladas y se les pida cuenta de en qué usaron la plata.

Aún así, el reloj no se detiene. Durante septiembre caerá el pago de un bono emitido tras la primera reestructuración de la deuda: son US$ 1.800 millones que explican el apuro por cosechar con el blanqueo, así sea entre los capitalistas amigos.

Pasa, además, que los US$ 38.850 millones anotados el viernes por el Central constituyen el stock bruto de reservas. Si se restan los encajes retenidos por los depósitos en dólares, los préstamos de corto plazo tomados en el exterior y otros activos, ninguno realizable, las disponibilidades líquidas han quedado por debajo de 30.000 millones de dólares.

Este es, al fin, el número que vale ante cualquier contingencia.

Por eso, nadie descarta que, llegadas las vacaciones de invierno, sobrevenga otro golpe sobre las tarjetas de crédito y nuevos límites a la venta de dólares. Entre varias más, dos de las vías por donde escapan recursos claramente escasos.

Cristina Kirchner lleva varios años exprimiendo al BCRA: sólo en 2013 podría sacarle US$ 7.967 millones, para afrontar deudas y eventualmente financiar necesidades de YPF. El interrogante que ahora mismo se hacen unos cuantos analistas es si en 2014 estará en condiciones de repetir, en medio del acelerado achicamiento de las reservas.

¿Para qué lado puede enfilar Moreno, entonces? Previsiblemente, irá por un freno mayor a las importaciones aún al costo de pisar la actividad económica.

Pero eso es 2014.

En el mientras tanto habrá que llegar a octubre con la producción y el consumo enfriados y el temor a perder el empleo. Seguro, el Gobierno no dará respiro al gasto público ni a las máquinas de imprimir de la Casa de Moneda o de Ciccone, para el caso lo mismo. Tampoco, a las medidas sencillamente electorales.

Por ALCADIO OÑA, IECO (Clarín)

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