Se encontraron en el velorio de Néstor Kirchner los sindicalistas quienes invitaron a los empresarios a una reunión, de parte de su jefe, que ya se había retirado.
Hugo Moyano (foto), líder de la CGT, y los industriales Héctor Méndez (foto) y José Ignacio de Mendiguren fueron ayer protagonistas del café más significativo tras la muerte del ex presidente: terminados los saludos en la Casa Rosada, fueron enseguida a la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros, donde se reunieron durante una hora para recomponer la relación en un momento que es considerado, desde ambos lados, crítico y peligroso desde el punto de vista institucional.
Fue sólo un gesto, pero adquiere una enorme relevancia si se advierte que partió de Moyano, el hombre sobre quien cayeron, en las últimas horas, todos los resquemores del establishment y el espectro político acerca de la gobernabilidad.
De ahí que quienes asistieron al café en la Federación de Camioneros hayan definido el encuentro como “urgente”. Hablaron de una preocupación mutua. Moyano, porque se vio señalado por los principales sectores empresariales, casi inmediatamente después de la partida de Kirchner, con metáforas complicadas como la posibilidad de ser el López Rega de la Presidenta.
“Nadie quiere ser el responsable de una crisis”, explicó después uno de los tres asistentes. El sindicalista decidió recibirlos solo. El y los empresarios saben que la última convocatoria sindical para el lanzamiento de la nueva línea política del camionero ?esta semana en La Plata? no fue todo lo exitosa que se esperaba. “En realidad, tiene un tercio de la CGT; no estuvo con todos acá”, reforzó ayer, desde la puerta del velorio, un operador que trabajó para el kirchnerismo.
En la Bolsa de Comercio, en una reunión previa a la visita general a la Casa Rosada, entre representantes del Grupo de los Seis. El encuentro estaba previsto para la semana próxima, pero fue adelantado como consecuencia de los acontecimientos. Estuvieron Jorge Brito (Asociación de Bancos de Capital Privado Argentino), Carlos Wagner (Cámara de la Construcción), Eduardo Eurnekian (Cámara de Comercio), Adelmo Gabbi (Bolsa), Hugo Biolcati (Sociedad Rural) y Méndez y Mendiguren (Unión Industrial Argentina). Allí se volvieron a expresar los anhelos de una vuelta del ministro de Planificación, Julio De Vido, a su rol de componedor y articulador de los sectores gremial y empresarial. “Se habló de la necesidad de bajar los decibeles”, dijo uno de los presentes.
Las dos grandes incógnitas del momento siguen siendo quién conducirá la economía y la estabilidad del Gobierno. En el Partido Justicialista tienen en claro el segundo de estos conceptos. Piensan, por ejemplo, que la única posibilidad de un final de mandato ordenado y, por lo tanto, una elección auspiciosa en 2011, es que el peronismo acompañe. “Si Cristina asume un papel moderado, esto la va fortalecer, como fortaleció a Ricardo Alfonsín la muerte de su padre”, dijeron cerca de un gobernador de buen diálogo con la Casa Rosada. Esa tesis se sostiene en el convencimiento de que los últimos episodios castigarán desde el punto de vista de la imagen, por lo menos en el corto plazo, a los más antikirchneristas. “La prueba es que Elisa Carrió, la persona que mejor lee la política en el país, está en silencio”, agregó un empresario.
El otro interrogante estará en el gerenciamiento del Gobierno y en quiénes serán ahora sus principales protagonistas. Los empresarios esperan que Cristina Kirchner se expida en público después del entierro y anuncie nuevas directivas.
Puertas adentro de la administración, reina el desconcierto, aunque algunos tienden sus propias estrategias. Un ejemplo fresco: a Guillermo Moreno, además de fustigar empresarios, le gusta representar teatralmente su condición de humilde soldado militante.
Fuente: lanacion.com
Foto: infobae.com









