Los metales mineros lograron sostener precios elevados pese al shock energético provocado por la guerra con Irán, aunque la incertidumbre macroeconómica todavía aparece como un freno para nuevas subas. Esa es la principal conclusión de un informe de BofA Global Research, que destacó la resiliencia de las materias primas por tres factores: una demanda global que resistió mejor de lo esperado, problemas persistentes de oferta e inventarios bajos en varios mercados clave.
El diagnóstico combina señales alcistas y advertencias. BofA mantuvo una visión constructiva para aluminio, cobre, oro y carbón metalúrgico hacia 2027, pero sostuvo que la guerra con Irán seguirá siendo un obstáculo para el corto plazo. En el caso de los metales básicos, el banco advirtió que el margen de suba podría quedar limitado mientras persista el conflicto, aun cuando la caída de oferta en aluminio, cobre y níquel debería dar soporte a los precios.
El cobre aparece como uno de los casos más sensibles. BofA proyecta un precio promedio de u$s13.278 por tonelada para 2026 y de u$s15.250 para 2027, en un mercado que seguiría ajustado por los bajos inventarios y por el desplazamiento de metal hacia Estados Unidos.
Cobre: Estados Unidos absorbe inventarios y ajusta el mercado
El informe plantea que Estados Unidos se convirtió en una suerte de “sumidero” global para el cobre refinado. Las expectativas de aranceles y los retornos atractivos de operaciones financieras vinculadas al almacenamiento llevaron metal hacia depósitos estadounidenses y lo retiraron de otros mercados.
Según BofA, las importaciones elevadas dejaron a Estados Unidos con más de 1,4 millones de toneladas de cobre almacenado, mientras que los inventarios en China y en la Bolsa de Metales de Londres se redujeron. El banco sostiene que la economía de almacenamiento ya es lo suficientemente atractiva como para mantener el metal retenido, incluso si una eventual decisión arancelaria de Donald Trump no tiene impacto sostenido.
La disponibilidad de cobre fuera de Estados Unidos quedó así más restringida. Para que ese metal vuelva al circuito global, BofA considera que deberían darse dos condiciones: una mayor demanda inmediata que aplane la curva de precios en Estados Unidos o precios más altos en Londres que compensen el costo de reexportar el material.
La demanda china, clave para 2027
Aunque el informe reconoce que la demanda china de cobre perdió impulso en el segundo trimestre, BofA mantiene como escenario base una reaceleración. La entidad sostuvo que el consumo aparente de cobre refinado en China creció apenas 2,4% interanual en lo que va del año, en un contexto marcado por la debilidad inmobiliaria y la desaceleración de inversiones en electricidad.
El punto de fondo es el cambio en la composición de la demanda. El sector inmobiliario chino perdió peso como consumidor de cobre, pero la inversión en redes eléctricas, centros de datos, infraestructura digital y electrificación debería sostener parte del consumo. BofA remarcó que China está girando hacia una estrategia de “seis redes”: energía, computación, comunicaciones, logística, agua e infraestructura urbana.
Ese cambio es relevante para los metales industriales. La inversión se aleja de la construcción tradicional, más intensiva en acero y cemento, y se concentra en sectores tecnológicos y de mayor valor agregado, que siguen demandando cobre y aluminio por su rol crítico en la electrificación.
Aluminio, níquel y estaño: oferta ajustada
El aluminio también aparece respaldado por problemas de oferta. BofA espera un déficit este año, seguido por un pequeño superávit en 2027, a medida que ingrese más producción de Indonesia. Sin embargo, el banco advierte que las disrupciones en Medio Oriente y los precios de la energía siguen siendo riesgos de corto plazo.
En níquel, el informe señala que el mercado empezó a reequilibrarse después del fuerte superávit de 2025. La restricción de oferta en Indonesia y la demanda de automotrices y acero inoxidable redujeron los excedentes, al punto de que el mercado estuvo prácticamente balanceado desde el segundo trimestre. BofA considera que el precio encontró un piso por encima de u$s15.000 por tonelada.
El estaño es otro metal bajo presión de oferta. El banco sostuvo que el mercado seguirá ajustado, con problemas de producción en Myanmar e Indonesia y una demanda sostenida por semiconductores, inteligencia artificial, expansión de centros de datos y electrónica, que sigue siendo la principal fuente de consumo del metal.
Oro: el petróleo alto puede jugar en contra
En metales preciosos, BofA marcó un tono más cauteloso para el oro. El informe sostiene que la suba del petróleo, la inflación elevada y una Reserva Federal más restrictiva son obstáculos de corto plazo para el metal. Aunque el banco conserva una visión constructiva para 2027, advirtió que una escalada del crudo podría llevar al oro a promediar cerca de u$s3.500 por onza el año próximo en un escenario adverso.
El banco también señaló que el oro podría caer hacia u$s3.750 por onza en el cuarto trimestre de 2026 si persisten los vientos macroeconómicos en contra. En paralelo, sostuvo que para acercarse a u$s5.000 por onza haría falta una demanda de inversión mucho más fuerte que la observada hasta ahora.
La plata enfrenta otro problema: la reducción de demanda por parte de fabricantes de paneles solares. BofA señaló que el uso de plata en energía solar habría alcanzado un pico en 2025, en parte por cambios tecnológicos y en parte por el incentivo de las compañías a reducir contenido de plata ante precios elevados.
Litio y zinc, con menos margen alcista
El informe fue más prudente para litio y zinc. En litio, BofA sostuvo que los precios habían rebotado después de recortes de producción en China, pero que los aumentos de oferta fuera del segmento lepidolita volvieron a aflojar el mercado doméstico. Para 2027, espera un pequeño superávit, lo que dificultaría un nuevo rally.
En zinc, el banco proyecta un giro hacia superávit. La recuperación de la oferta minera y los envíos periódicos desde China deberían aliviar parte de la estrechez global, aunque BofA advirtió que los mercados occidentales se volvieron más dependientes del zinc refinado chino.
Acero y carbón metalúrgico
En acero, BofA destacó que los precios en Estados Unidos y Europa subieron con fuerza por los límites a las importaciones y los aranceles. Sin embargo, advirtió que las cotizaciones empiezan a acercarse a niveles que podrían incentivar mayores envíos de productores de menor costo.
El carbón metalúrgico, en cambio, pasó a déficit por problemas de producción en China. BofA espera que el mercado se mantenga ajustado este año y el próximo, con precios cerca de u$s250 por tonelada.
El escenario general que deja el informe es el de un mercado de metales sostenido por fundamentos de oferta, inventarios bajos y cambios estructurales en electrificación, inteligencia artificial e infraestructura digital, pero condicionado por la guerra con Irán, el petróleo alto, la política monetaria de Estados Unidos y la demanda china.








